La obra “El Gorila” tomó el escenario del Teatro Orientación Luisa Josefina Hernández con una propuesta escénica que privilegia la intensidad física y la transformación actoral. La puesta, creada por Alejandro Jodorowsky y Brontis Jodorowsky, mantuvo al público atento de principio a fin.
Lejos de ser un monólogo “tranquilo”, la obra se sintió intensa en todo momento. El actor no solo contaba la historia, la vivía con todo el cuerpo. Saltaba, se movía de un lado a otro, se revolcaba en el escenario y por momentos realmente parecía transformarse en el gorila que interpretaba. Ver esa entrega resulto impactante.
La historia, basada en un texto de Franz Kafka, siguió a un simio que aprende a comportarse como humano. La trama abordó la adaptación como una necesidad, pero también como una renuncia, lo que abrió una reflexión sobre la identidad y el deseo de encajar en una sociedad determinada.

La obra de Alejandro Jodorowsky y Brontis Jodorowsky, inspirada en Franz Kafka
El diseño escenográfico optó por la sobriedad, pero incorporó elementos simbólicos. Retratos de figuras como Charles Darwin y Sigmund Freud aparecieron al fondo, lo que sumó una lectura sobre la evolución, la conducta y la mente humana.
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Durante toda la función, el público se mantuvo concentrado. No solo por lo que se decía, sino por todo lo que pasaba físicamente en escena. Había momentos intensos, otros más emocionales, y algunos incluso incómodos de ver por la forma tan real en la que el actor se entregaba al personaje.
La obra construyó una experiencia sensorial que apostó por el cuerpo como principal vehículo narrativo. “El Gorila” reafirma su vigencia al proponer una reflexión sobre la condición humana desde el escenario, apoyada en una interpretación que privilegia la entrega total y el riesgo escénico.






