¿Qué pasaría si existiera un lugar donde no hubiera violencia, abandono ni heridas familiares? Esa pregunta es el punto de partida de «En Marte no hay osos», el monólogo escrito por María del Roble y Mónica Hoth, que llegará al Foro A Poco No del 30 de julio al 2 de agosto con una propuesta que combina teatro participativo, memoria y reflexión sobre los vínculos familiares.
Lejos de presentar una historia autobiográfica convencional, la actriz convierte sus propias experiencias en un espejo donde el público puede reconocer las suyas.
En entrevista para AMEXI, María del Roble explicó que la obra nació de una inquietud personal, pero terminó abordando un tema que atraviesa a prácticamente todas las personas: las heridas que dejan las familias.
«Este texto nace de la necesidad de hablar de un tema universal que son nuestras familias», explicó.
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De una historia familiar a una reflexión universal
La actriz cuenta que inicialmente quería escribir sobre la familia de artistas en la que creció. Su abuelo fue el muralista Eloy Cerecero, integrante del Frente Nacional de Muralistas Mexicanos; su padre es pintor y el arte ha estado presente durante generaciones.
Sin embargo, conforme avanzó la escritura descubrió que el verdadero tema no era una familia de artistas, sino aquello que comparten la mayoría de los hogares: los afectos, las ausencias y las heridas que pasan de una generación a otra.
«Mientras estaba investigando sobre esto me di cuenta de que había un tema mucho más universal que las familias de artistas: nuestras familias y las heridas generacionales.», indicó.
¿Por qué en Marte no hay osos?
Uno de los aspectos que más llama la atención del montaje es su título y para María del Roble, Marte representa una utopía inspirada en la literatura de ciencia ficción de Ray Bradbury, un espacio lejano donde sería posible vivir libres de violencia y de los patrones que muchas veces se repiten dentro de las familias.
El oso, en cambio, funciona como una metáfora abierta.
«Lo que trabajamos con mi dramaturga Mónica Hoth es que el oso puede representar estos tipos de violencia que vivimos, no solo las mujeres, sino también la violencia intrafamiliar. También puede representar el machismo y esa territorialidad hacia las mujeres.», señaló.
En ese sentido, la actriz reconoció que durante las funciones cada espectador encuentra un significado distinto para ese símbolo, algo que considera parte de la riqueza del montaje.

Un monólogo que termina hablando de muchas historias
Aunque la obra parte de experiencias personales, uno de los mayores temores de la actriz era que el resultado pareciera demasiado íntimo y el público no lograra identificarse.
Ese miedo desapareció durante el proceso creativo junto con la dramaturga Mónica Hoth y la directora Patricia Estrada, quienes encontraron que los conflictos abordados eran compartidos por muchas personas.
Incluso, el estreno representó un desafío adicional, pues “estrené este monólogo en Saltillo, donde nací. Básicamente fui a hablar de mi familia.»
Conforme avanzaron las funciones, María del Roble descubrió que los asistentes comenzaban a resignificar sus propias experiencias.
«Es muy interesante ver que la gente conecta con temas como el abandono, que no necesariamente tiene que ver con la figura del padre; también puede venir de hermanos, madres, tías o tíos. Siempre hay una figura que representa ese dolor.», afirmó.
La actriz asegura que, aunque el teatro no sustituye un proceso terapéutico, sí permite mirar esas heridas desde otra perspectiva.
El público también forma parte de la obra
Uno de los elementos que distingue «En Marte no hay osos» es que apuesta por el teatro participativo, una herramienta que involucra al público sin obligarlo a intervenir directamente.
Bajo la dirección de Patricia Estrada, la puesta en escena recrea una clase de dibujo como homenaje a la tradición artística de la familia de la actriz.
Mientras escuchan la historia, los asistentes pueden dibujar y participar de manera natural, lo que fortalece la conexión emocional con la obra.
«Estamos ahí garabateando, jugando con una crayola, y eso ayuda mucho a poner atención.», dijo.
Para María del Roble, esta experiencia adquiere un significado especial en una época marcada por las pantallas y el consumo acelerado de contenido.
«Lo importante del teatro es que no le puedes poner pausa, no puedes verlo al doble ni adelantarte. Tienes que estar presente y compartir ese momento con los demás.»
Un encuentro con la memoria familiar
Después de recorrer este proceso creativo, la actriz asegura haber descubierto que la razón principal por la que hace teatro es la posibilidad de conectar con otras personas.
Tras iniciar parte de su carrera durante la pandemia, cuando muchas actividades escénicas se trasladaron al formato virtual, encontró en el teatro participativo una forma distinta de relacionarse con el público.
«Descubrí que realmente hago teatro por conectar con otras personas y descubrir nuevos mundos a través de ellas.», comentó.
Si tuviera que resumir la esencia del montaje en una sola frase, no duda en responder:
«Es un monólogo para reconectar con nuestra historia y con la memoria familiar mientras realizamos una construcción colectiva de nuestros recuerdos.», indicó.
¿Cuándo y dónde ver «En Marte no hay osos»?
La obra ofrecerá únicamente cuatro funciones en el Foro A Poco No, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Los horarios son:
- Jueves 30 y viernes 31 de julio: 20:00 horas.
- Sábado 1 de agosto: 19:00 horas.
- Domingo 2 de agosto: 18:00 horas.
Los boletos pueden adquirirse a través de Ticketmaster y en las taquillas del recinto. Además, la función del jueves contará con una promoción de 2×1 disponible en la plataforma de venta.
La dirección también forma parte de su futuro
Después de esta temporada, María del Roble continuará explorando su faceta como directora teatral.
En noviembre regresará al Foro A Poco No con «AK: Trenos», un monólogo escrito por su mejor amigo que aborda el crecimiento en contextos conservadores siendo parte de la comunidad LGBTQ+, además de participar en el Festival de Monólogos Casa Tanicho, en Mérida, y colaborar como asistente de dirección en «Campamento Utopía», texto de Valentina Girón.





