Desde hace seis meses, Fernanda García Valencia, de 43 años, permanece resguardada en una vivienda alterna, con puertas y ventanas aseguradas y prácticamente sin salir, ante el temor de volver a ser atacada por su expareja, Eduardo Marín Marín, a quien denunció penalmente después de una agresión ocurrida el pasado 22 de febrero en Cuernavaca, Morelos.
De acuerdo con el testimonio que la víctima dio a AMEXI, aquella madrugada fue golpeada, lesionada, atada de pies y manos y posteriormente introducida en la cajuela de un vehículo. Aseguró que en los hechos participó otro hombre que trabajaba como escolta y que posteriormente fue abandonada en la avenida San Diego, donde quedó expuesta incluso a ser atropellada.
Una relación de amistad que terminó en violencia
Fernanda relató que conocía a Marín Marín desde hacía aproximadamente 32 años y que posteriormente ambos iniciaron una relación sentimental. Vivieron juntos durante unos cuatro meses y medio en el domicilio de él, en Cuernavaca.
Según su versión, la relación comenzó a deteriorarse y ella decidió abandonar la vivienda. Para el 22 de febrero ya había preparado sus pertenencias para marcharse, luego de que su pareja llevara a vivir al mismo domicilio a una joven colombiana de 23 años, a quien presentaba como su “acompañante”.
Fernanda aseguró que anteriormente Marín Marín había llevado a otras mujeres contactadas mediante páginas de internet al domicilio que ambos compartían. El desacuerdo por la presencia de la joven extranjera, sostuvo, antecedió a la agresión.
La víctima narró que, después de regresar de una fiesta durante la madrugada, fue golpeada y posteriormente inmovilizada con tiras de tela de batas de baño, con las que le ataron manos y pies antes de introducirla en la cajuela.
Abandonada durante la madrugada
Alrededor de las 03:30 horas, relató, fue abandonada sobre avenida San Diego. Debido a las lesiones no podía incorporarse y tenía dificultades para respirar por la sangre que salía de su boca, por lo que comenzó a desplazarse como pudo hacia la orilla de la vialidad para evitar ser atropellada.
Antes de las 04:00 horas, un automovilista se detuvo para auxiliarla. Luego de que la liberarán de las ataduras, buscó atención médica por las lesiones sufridas.
Fernanda aseguró que inicialmente acudió al hospital Henry Dunant y posteriormente a la Cruz Roja, donde, según su testimonio, no recibió la atención que requería. Finalmente la auxiliaron y comenzó el proceso de recuperación física.
Seis meses resguardada y sin poder trabajar
La mujer sostuvo que las consecuencias de aquella madrugada continúan hasta ahora. Debido al temor de que su expareja pueda localizarla, afirma que prácticamente no sale del lugar donde permanece resguardada y que esa situación le ha impedido regresar a trabajar.
Su comunicación con el exterior, explicó, se realiza principalmente mediante teléfono celular. Aunque cuenta con un botón de pánico como medida de protección, consideró que éste resulta insuficiente mientras su presunto agresor permanezca en libertad.
Fernanda presentó una denuncia ante la Fiscalía General del Estado (FGE) de Morelos y su caso quedó integrado en la carpeta de investigación CJM01/305/2026.
De acuerdo con la víctima, la investigación comenzó por amenazas y lesiones, pero posteriormente los hechos los reclasificaron como tentativa de feminicidio. Hasta ahora, indicó, la carpeta no ha avanzado con la rapidez necesaria para ser judicializada y permitir que un juez determine las responsabilidades correspondientes.
Pide intervención de autoridades federales
Ante esta situación, Fernanda García Valencia solicitó la intervención de autoridades federales y dirigió particularmente su petición al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, para que atiendan su caso y garanticen su integridad.
La víctima también pidió a la Fiscalía de Morelos acelerar las investigaciones y llevar el expediente ante la autoridad judicial.
Fernanda aseguró que su principal preocupación es que su expareja pueda localizarla y atacarla nuevamente. Después de seis meses viviendo prácticamente escondida, sostuvo que su petición es poder recuperar su vida cotidiana, regresar a trabajar y desplazarse sin temor.
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