En este rincón paradisiaco del país, como en en el resto de la República, en Mérida, Yucatán, se sufrió la derrota ante Inglaterra el Mundial de futbol, pero también reconocieron el desempeño de la Selección Mexicana.
Ante un partido en el que el seleccionado mexicano dominó, pero contaron los goles de los ingleses, primero prevaleció el pesado silencio del coraje reprimido en espera del milagro y, tras el silbatazo final, las lágrimas, el murmullo, pero también el aplauso fuerte para los jugadores que extendieron la ilusión hasta la península de Yucatán.
Los yucatecos y el Mundial
“Más si no”, las palmas se multiplicaron en las sedes de proyección en pantallas grandes en algunas cabeceras municipales de Yucatán que concentraron, según cifras oficiales, hasta 64 mil espectadores en los cinco encuentros disputados por México, lo mismo en Mérida y Progreso, que en Kanasín, Tizimín, Valladolid, Tekax, Umán y Ticul.
No fueron los centenares de miles que se congregaron en el Ángel de la Independencia, Paseo de la Reforma y el Zócalo de la Ciudad de México, ni los habidos en la Macroplaza o el Parque Fundidora de Monterrey o en la glorieta de La Minerva en Guadalajara, pero sí fue la misma intensidad, alegría desbordante y pasión yucatecos.

Festejos con sabor local
Tras el triunfo 2-0 de México ante Ecuador, productores de mango regalaron la fruta que llevaron en sus camiones de carga a los espectadores para cumplir la promesa de regalar si ganaba el Tri. Lo mismo hicieron vendedores de marquesitas al obsequiar su producto a los transeúntes que se acercaron a los puestos del Paseo de Montejo tras la victoria.
Al ritmo de la jarana y bailables de las mestizas y varones de inmaculadas filipinas, en los pueblos y principales cabeceras municipales gozaron de los chistes y estridencias de los cómicos del teatro regional yucateco, lo mismo con Dzereco y Nohoch, que con Tila María Sesto, la Tía Chayo y los infaltables payasos locales.
En las zonas fan se regalaron banderas, gorras, playeras, bolsas de palomitas y balones, y se pintó caras con los colores verde, blanco y rojo, pero en todos los casos, se izaron grandes banderas para cantar con lágrimas de emoción el Himno Nacional, apoyar en cada avance y ondearlas a todo lo alto en cada anotación de México.
La paralización de la Ciudad Blanca
Cada gol convirtió los escenarios en verdaderos pandemóniums, manicomios ensordecedores en los que llovió nieve de espuma, confetis y serpentinas tricolores, con el sonido atronador de las matracas, sonajas, cornetas y gritos que hicieron cimbrar a la típica Mérida blanca y tranquila.
La ciudad, como todas las metrópolis del país, detuvo su marcha. Calles y avenidas sin vehículos ni gente. Frente a los televisores, pantallas de cadenas de cine, las megaproyecciones de las zonas fan, restaurantes, bares y un sinnúmero de casas, el combinado mexicano unió a los compatriotas en torno a una pelota.
Para muchos, la derrota tuvo sabor a triunfo. La enjundia, el dominio del balón sobre la cancha del Azteca y las ganas de superar la adversidad de los muchachos de Javier Aguirre también fueron evidentes para los habitantes del Mayab, quienes anoche, tras el partido, acudieron por cientos al pintarrajeado Monumento a la Patria (por el 8M) a celebrar el paso histórico del conjunto.

Catarsis social y cifras oficiales
Además del Deportivo de la Inalámbrica, el gobierno del estado abrió el estadio de béisbol Kukulcán -la casa beisbolera de los Leones de Yucatán— con una pantalla gigante para el disfrute de casi cinco mil aficionados.
Dichos espacios concentraron a personas de todas las edades, lo mismo boxitos que chichís (abuelitas). Sin excepción, hasta los pelanás vivieron las tensiones, tribulaciones y el goce explosivo de cada gol, en ambientes convertidos en espacios de desahogo y catarsis que ya necesitaba la población nacional ante problemas de inseguridad, economía y política.
Conforme a cifras oficiales, durante los cinco encuentros disputados por el representativo nacional, en dichos espacios públicos fue registrada una asistencia acumulada de 64 mil 300 personas: 12 mil asistentes en el primer partido, 12 mil en el segundo, 11 mil 300 en el tercero, 14 mil en el cuarto y 15 mil durante la transmisión del encuentro de octavos de final frente a Inglaterra.
Las playeras de imitación llegaron a comercializarse hasta en 500 pesos y las originales se cotizaron desde mil 800 pesos hasta en tres mil, una prenda que vistió de verde todos los escenarios posibles. Hoy bajó la demanda y las ofrecieron en 50 pesos en el mercado Lucas de Gálvez.
Todo volvió a la normalidad, pero quedó el recuerdo, la emoción todavía contenida, la alegría desbordante y el sentimiento de sentirse orgullosamente mexicano.
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