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El imperio de la distracción y el nuevo elogio del imbécil (Opinión)

El pensamiento crítico era considerado una herramienta para ampliar la libertad

Boris Berenzon Gorn Por Boris Berenzon Gorn
12 de mayo de 2026
En Opinión, Rizando el Rizo
El imperio de la distracción y el nuevo elogio del imbécil (Opinión). Rizando el Rizo, por Boris Berenzon Gorn.

El imperio de la distracción y el nuevo elogio del imbécil (Opinión). Rizando el Rizo, por Boris Berenzon Gorn.. AMEXI/FOTO/ Especial

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Boris Berenzon Gorn
Boris Berenzon Gorn, Columna «Rizando el Rizo»

Hubo un tiempo en que la inteligencia era vista como una forma de ascenso espiritual. Pensar significaba comprender el mundo, descifrar la condición humana, acercarse al misterio de la historia, del lenguaje, del arte, de la política.

La cultura occidental levantó universidades, bibliotecas, academias y museos bajo la convicción de que el conocimiento refinaba la vida colectiva.

El pensamiento crítico era considerado una herramienta para ampliar la libertad. La duda poseía dignidad filosófica. La reflexión era una forma de prestigio moral. Hoy el paisaje parece otro.

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La velocidad sustituyó a la contemplación. La reacción instantánea desplazó a la argumentación. La opinión inmediata ocupa el lugar que antes pertenecía al análisis.

El sujeto contemporáneo vive rodeado de información, conectado a múltiples pantallas, expuesto a una corriente interminable de estímulos que circulan día y noche.

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¿Humanidad comunicada?

Nunca la humanidad estuvo tan comunicada. Nunca pareció tan fatigada intelectualmente. En medio de ese escenario aparece el escritor y periodista italiano Pino Aprile con un libro tan provocador como inquietante: Nuevo elogio del imbécil.

El título posee la inteligencia de las grandes ironías. Provoca risa y malestar al mismo tiempo. Obliga a detenerse. Nadie quiere reconocerse en él. Precisamente por eso resulta tan efectivo.

Aprile no escribe un tratado académico convencional ni una simple sátira humorística. Construye algo más peligroso: un espejo cultural. El lector comienza observando a “los otros” y termina descubriendo fragmentos de sí mismo en cada página.

La gran intuición del libro consiste en entender que la imbecilidad contemporánea ya no puede explicarse únicamente como falta de educación o ausencia de conocimientos. El problema es mucho más complejo.

Vivimos una época que produce sujetos saturados de información y debilitados en su capacidad de interpretación. La inteligencia dejó de ser únicamente una cuestión de datos; ahora depende de algo más difícil: la capacidad de sostener la atención, de soportar la complejidad, de resistir la simplificación emocional.

¿Qué observa Aprile?

Aprile observa la cultura contemporánea como si examinara una maquinaria gigantesca de dispersión mental. Las redes sociales, la publicidad, la lógica del entretenimiento, el mercado político y la economía digital parecen organizarse alrededor de un mismo principio: impedir la profundidad.

El escritor y periodista italiano Pino Aprile publica un libro tan provocador como inquietante: Nuevo elogio del imbécil. AMEXI/FOTO/ Cortesía
El escritor y periodista italiano Pino Aprile publica un libro tan provocador como inquietante: Nuevo elogio del imbécil. AMEXI/FOTO/ Cortesía

Todo debe ser rápido, visible, emocional, compartible. Pensar lentamente se ha convertido casi en una anomalía cultural.

La paradoja resulta extraordinaria. La humanidad creó herramientas tecnológicas capaces de almacenar millones de bibliotecas y al mismo tiempo debilitó el hábito de la lectura profunda.

El problema ya no es el acceso al conocimiento. El problema es la incapacidad de permanecer suficiente tiempo frente a una idea para comprenderla realmente.

La cultura digital transformó la atención en mercancía. Cada segundo de concentración tiene valor económico. Plataformas, aplicaciones y algoritmos compiten por capturar el tiempo mental de millones de personas.

En ese contexto, la distracción permanente deja de ser un accidente: se convierte en modelo de negocio.

Dimensión filosófica

Ahí el libro de Aprile adquiere una dimensión filosófica profundamente contemporánea. El imbécil moderno no es necesariamente ignorante. Muchas veces es alguien incapaz de sostener la complejidad del mundo.

El sujeto que necesita respuestas inmediatas para evitar la incomodidad de la duda. El que transforma cualquier discusión en espectáculo emocional. El que consume titulares como si fueran conocimiento. El que cree entender la historia a partir de frases virales.

La política contemporánea ofrece ejemplos permanentes de ese fenómeno. El debate público ya no se organiza alrededor de ideas largas o proyectos históricos. Funciona mediante estímulos emocionales breves.

El escándalo reemplaza a la reflexión. La indignación instantánea sustituye al pensamiento crítico. El ciudadano corre el riesgo de convertirse en consumidor de emociones políticas más que en participante activo de la vida democrática.

¿Qué percibe el escritor?

Aprile percibe algo profundamente perturbador en esta transformación: la sociedad contemporánea parece recompensar la simplificación mental.

La velocidad se convirtió en valor moral. Quien duda parece inseguro. Quien matiza resulta sospechoso. Quien reflexiona demasiado corre el riesgo de volverse invisible en un ecosistema mediático construido para la aceleración constante.

La ironía atraviesa todo el libro porque el autor comprende que la estupidez moderna posee eficacia social. El imbécil contemporáneo funciona bien dentro de ciertas estructuras económicas y mediáticas. Consume rápido. Reacciona rápido. Olvida rápido. La memoria profunda se vuelve incómoda para un sistema basado en el flujo constante de novedades.

Esa intuición conecta el libro con algunas de las grandes preocupaciones culturales de nuestro tiempo. El narcisismo digital, la ansiedad colectiva, la cultura del rendimiento, la espectacularización de la intimidad, la fatiga emocional, la fragmentación de la memoria histórica.

Todo parece formar parte de un mismo ecosistema donde el sujeto vive permanentemente estimulado y al mismo tiempo interiormente vacío.

Resulta imposible no pensar en la crítica de Herbert Marcuse a la sociedad unidimensional, en las reflexiones de Guy Debord sobre la sociedad del espectáculo o incluso en las intuiciones de Umberto Eco acerca de la cultura de masas. Aprile recoge parte de esa tradición crítica y la actualiza dentro del universo digital contemporáneo.

Pino Aprile, escrior italiano, autor del: Nuevo elogio del imbécil.
Pino Aprile, escrior italiano, autor del: Nuevo elogio del imbécil.

Fuerte componente antropológico

El libro también posee un fuerte componente antropológico. Sugiere que toda civilización produce sus propias formas de estupidez. Hubo épocas dominadas por el dogma religioso, otras por la obediencia ideológica, otras por el nacionalismo extremo. La nuestra parece organizada alrededor de la hiperestimulación y la fatiga de la atención.

La consecuencia cultural resulta visible en todas partes. Personas incapaces de leer un texto largo sin revisar el teléfono. Conversaciones interrumpidas por notificaciones constantes. Jóvenes educados dentro de la lógica del fragmento permanente. Adultos atrapados en ciclos infinitos de indignación digital.

La vida cotidiana se transforma lentamente en una sucesión de estímulos discontinuos donde la experiencia profunda pierde espacio.

Aprile no cae en la nostalgia fácil. No idealiza el pasado. Comprende que cada época posee sus contradicciones y sus formas de alienación.

Lo verdaderamente inquietante es que la cultura contemporánea parece haber normalizado el agotamiento mental como forma ordinaria de existencia.

Tal vez por eso el libro provoca una incomodidad tan particular. Obliga a formular preguntas que atraviesan la experiencia diaria:

  • ¿En qué momento dejamos de leer para empezar únicamente a consumir información?
  • ¿En qué instante la conversación pública se volvió incapaz de sostener matices?
  • ¿La tecnología amplió realmente nuestra libertad o colonizó nuestra atención?
  • ¿La hiperconectividad nos acercó emocionalmente o multiplicó nuevas formas de soledad?
  • ¿La cultura contemporánea todavía produce ciudadanos o produce usuarios?

Preguntas más intensas

Las preguntas se vuelven todavía más intensas cuando el libro toca el tema del lenguaje. La simplificación digital modifica la forma de pensar.

Un vocabulario reducido limita la capacidad de interpretar la realidad. La cultura de la inmediatez necesita frases breves, emociones rápidas, respuestas binarias. El mundo complejo termina reducido a consignas.

En ese punto, la figura del imbécil contemporáneo adquiere una dimensión casi simbólica. Representa al sujeto que renuncia voluntariamente al esfuerzo de comprender. El que necesita simplificaciones permanentes para sobrevivir emocionalmente dentro del caos informativo. El que convierte cualquier experiencia humana en entretenimiento instantáneo.

Ironía de Aprile

La ironía más brillante de Aprile aparece precisamente allí: la inteligencia artificial avanza mientras la inteligencia humana parece agotarse culturalmente.

El problema no es tecnológico. El problema es civilizatorio. Las máquinas aprenden cada vez más rápido; los seres humanos pierden lentamente la capacidad de concentración, contemplación y pensamiento profundo.

La cultura contemporánea vive obsesionada con la productividad, el rendimiento y la optimización permanente. Todo debe producir algo. Todo debe acelerar procesos. Incluso el descanso termina administrado por aplicaciones y métricas. La contemplación pierde legitimidad. El silencio incomoda. La lentitud parece improductiva.

Y sin embargo, tal vez ahí sobreviva una de las últimas formas de resistencia cultural.

  • Leer lentamente en una época acelerada.
  • Escuchar verdaderamente en medio del ruido.
  • Pensar sin necesidad inmediata de exhibirse.
  • Sostener conversaciones largas.
  • Defender el matiz frente al fanatismo emocional.
  • Conservar la memoria histórica dentro de un presente que devora todo.

¿Qué sugiere el autor?

Aprile parece sugerir que la inteligencia contemporánea ya no consiste solamente en acumular conocimientos. Consiste en proteger la capacidad humana de atención frente a un mundo diseñado para fragmentarla.

El gran triunfo del imbécil moderno no sería entonces la ignorancia. Sería algo mucho más sofisticado y peligroso: convencer a la sociedad de que la profundidad resulta inútil. Hacer creer que la complejidad sobra. Transformar el pensamiento crítico en un gesto incómodo dentro de la cultura del espectáculo.

¿Deja el libro una sensación extraña?

Tal vez por eso el libro deja una sensación extraña al terminarlo. La risa inicial se transforma lentamente en inquietud.

El lector descubre que la sátira de Aprile no habla únicamente de política, medios o redes sociales. Habla de nuestra vida cotidiana. De nuestros hábitos mentales. De nuestra relación con el tiempo, con el lenguaje, con la memoria y con nosotros mismos.

Porque acaso la pregunta más perturbadora de todas no sea quién es el imbécil contemporáneo.

La pregunta verdaderamente incómoda es cuánto de esa lógica habita ya dentro de cada uno de nosotros.

 

Etiquetas: Boris Berenzon GornescritorNuevo elogio al imbecilopinionPino AprilePortada 1Rizando el Rizo
Boris Berenzon Gorn

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