
Eran dos tipos de mucho cuidado. Y sus oscuras mazmorras de Tlaxcoaque, en el entonces De Efe, sirvieron de helado calabozo para torturar y matar.
De longeva carrera militar, el general Luis Cueto Ramírez nació en plena Revolución Mexicana y estuvo al frente de la policía del Distrito Federal de 1958 a 1968 en los separos de Tlaxcoaque. Su aliado: el siniestro Raúl Mendiolea Cerecero, subjefe de la policía del Distrito Federal durante las semanas de la matanza de Tlatelolco, quien tras el gobierno de Díaz Ordaz, en 1977 ascendió como jefe de la Policía Judicial Federal en Tlaxcoaque.
Mi hermano Armando Ponce y Padilla (D.F., 1947) conoció a los dos.
Estudiaba él en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; pero escribía ya sus primeras notas en el diario Excélsior cuando cayó preso los primeros días de enero de 1970 en Tlaxcoaque, por distribuir volantes en Ciudad Universitaria. Los escritos que le hallaron unos “tamarindos” se habían redactado en un mimeógrafo clandestino y llamaban a la protesta contra el director del Palacio Negro de Lecumberri, Francisco Arcaute Franco, por haber abierto las rejas a unos 60 reos comunes quienes asaltaron las crujías “M” y “N” donde se hallaban los presos políticos del 68.
Periodista coordinador de la sección de Cultura en la revista Proceso que él cofundara con el equipo de Julio Scherer en 1976, Armando Ponce padeció tormento psicológico y físico en Tlaxcoaque, particularmente del facineroso Mendiola Cerecero. Mi hermano pocas veces menciona a esos dos y su historia es una de las menos espeluznantes de los sótanos de Tlaxcoaque.
Ahora que la última semana de enero de 2026, la jefa de Gobierno Clarita Brugada firmó el decreto para construir este año en la Plaza Tlaxcoaque la nueva Universidad de las Artes de la CDMX, evoquemos la gesta de aquella generación que ahora permite a la 4T erguir tan emblemático centro cultural.

Las mujeres del 68
Los militares atraparon a Eufrosina Rodríguez Trejo con su pareja, Miguel Vasallo Maza, en la Plaza de las Tres Culturas tras sobrevivir ambos a la masacre de Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968. En su texto “De los recuerdos” para el libro de la periodista Susana Cato Ellas. Las mujeres del 68 (prólogo de Elena Poniatowska. Ed. Proceso, 2019. 278 pp.), cuenta:
Recuerdo marchar en fila, con las manos en la nuca, hacia el antiguo Convento de Santiago Tlatelolco, mientras los bomberos limpiaban de sangre la plaza y otros hombres vestidos de blanco recogían a los muertos… Recordé a mi padre, que era civil y allí estuvo preso, en una cárcel militar, por el “delito” de reclamar justicia. “Espero que no vivamos lo que vivió él”, pensé.
Recuerdo a los soldados separando a las mujeres de los hombres. En fila a nosotras nos llevaron a donde estaba una mujer gorda, con aspecto de burócrata, que preguntaba nuestros datos personales y anotaba de prisa: “¿Edad?” “31 años”, contesté. “¿Dónde trabaja?” “Maestra de la Normal Superior”. “¿Qué estaba haciendo en la plaza?” “Vine al mitin”.
Eufrosina Rodríguez había nacido en Querétaro el 3 de marzo de 1937. Hija de Paula y Salvador, maestros rurales comprometidos con las causas del pueblo. Cursó estudios en la Normal Superior de México, siendo maestra en todos los niveles, desde escuelas rurales hasta posgrados y educación popular, principalmente en comunidades desplazadas de Guatemala y Chiapas.
Quedé detenida. Recuerdo después que vi cómo subían a otros detenidos a los camiones del ejército y un escalofrío recorrió mi cuerpo. A las mujeres nos trasladaron a la Dirección Federal de Seguridad [DFS], en Tlaxcoaque. Entramos por el sótano. Un hombre salió de un separo en camiseta, sudando, y dejó la puerta abierta. Adentro, un joven desnudo, desparramado en una silla, sangraba. Sentí desmadejarme (…)
Autora de Me llamo Eufrosina y Cuando las horas fueron años, explica:
El día tres comencé a buscar a Miguel (…) Recuerdo que de una de las puertas de la DFS salió una camioneta, que alguien se pegó a los vidrios traseros y gritó su nombre, y entonces sus familiares corrieron tratando de alcanzar al vehículo, que arrancó perdiéndose luego de nuestra mirada. Mientras sus familiares lloraban, uno de los agentes dijo con sarcasmo: “Ni se preocupen: esos van a ser fusilados por guerrilleros” (…)
El libro de Susana Cato incluye a mujeres artistas e intelectuales como:
JUDITH REYES, capítulo “Cómo te escurre la sangre, Plaza de las Tres Culturas”. ELISA RAMÍREZ, “Rebelde con causa”. MARÍA ROJO, “1968, Teatro, Pánico”. RINA LAZO, “¿Quién grita, quién llama?”. CLAUDIA CALDERÓN, “Inocente participación”. MARÍA GARCÍA, “Ser los ojos”. MARTHA ARIAS, “Limpiar la plaza”. PATRICIA DE LOS RÍOS, “Quince años”. MARGARITA CASTILLEJOS, “Nacer progresista”. BEATRIZ Y ARCELIA RAMÍREZ, “Las gemelas”. OLIVIA REVUELTAS, “Vivimos en el 68”. ALICIA SOUST SCAFFO, “Una leyenda insensata y transparente”. CRISTINA BARROS, “Herencia liberal”. MARIÁNGELES COMESAÑA, “Un espacio de resguardo”. HERLINDA SÁNCHEZ LAUREL ZÚÑIGA, “La Esmeralda, ¡presente!”; ANTONIA TOÑA CANDELA, “Épica desde Nueva York” y ANA IGNACIA RODRÍGUEZ, alias La Nacha, “No me arrepiento de nada” y prólogo “Las aves nocturnas”, de ISMAEL COLMENARES “MAYLO” (Los Nakos).

[ver video Tlaxcoaque: https://youtu.be/
“Una pinche vieja más”
Myrthokleia Adela González Gallardo nació el 6 de mayo de 1945 y fue detenida a los 23 años en Tlatelolco. Herida por la balacera del 68, narra en “Luchar hombro con hombro” para el libro 1968: Las mujeres del CNH, de Elizabeth Montaño (prólogo Felipe Ávila, Biblioteca Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, 2023. 280 pp.):
Me llevaron a la Cruz Roja de Ejército Nacional. Los médicos me revisaron los ojos… Me volvieron a sacar otros agentes y me llevaron a la Procuraduría en la Ciudadela, en la calle de Tres Guerras. Me dejaron en un sofá, ahí no dormí. En la madrugada llegaron tres tipos; uno de ellos dijo:
—Mira, cuate, lo que nos trajeron.
—Nos deberían traer cosas buenas, no lagartijas.
Me dije: “Ay, qué bueno que me vean más fea para que no me hagan nada” (…) Al ver que no me pudieron sacar nada, me llevaron a los separos de Tlaxcoaque de 20 de Noviembre, en el centro. Ahí tuve que declarar en el separo número 18, utilicé mi segundo nombre, el de Adela, y dije lo que siempre había dicho: que iba pasando por Tlatelolco y me habían agarrado. No recuerdo cuántos días estuve allí. Uno de esos días se me presentó la menstruación … Entonces tuve sentimiento y me empecé a revolcar y a jalar los cabellos, gritaba. Los que cuidaban ahí decían:
“Que esa pinche vieja a’i se muera”.

Mendiolea y Cueto
El 6 de febrero de 1985, el periodista Miguel Altamira publicó en Perfil de La Jornada el reportaje “Tlaxcoaque, 30 años imperio del terror”, con el prefacio:
Sustituto de la sexta delegación de policía, la cárcel de Tlaxcoaque, inaugurada en 1955, se erigió, por años, en monumento a la brutalidad policiaca, al abuso, a la arbitrariedad, a la incomunicación, a la extorsión y a la impotencia ciudadana… El sitio donde funcionó la Dirección de Policía y Tránsito y el Servicio Secreto y la Dirección de Investigaciones para la Prevención para la delincuencia, está “maldito, salado, traumatizado”…
El reportaje informa sobre la demolición desde 1984 del edificio (creación del arquitecto Juan Sordo Madaleno), pues se hallaba “en pésimas condiciones”; los trabajos databan de un año atrás con “desmantelamiento de la cristalería, los herrajes, los canceles y el sistema eléctrico”.
Además, los sótanos, comunicados al edificio por unos pasillos, aún no caen bajo la piqueta. Algunos trabajadores temen que abajo, en la última etapa de los trabajos, encuentren restos de las víctimas de los agentes.
También La Jornada, pero el domingo 22 de agosto de 2004, dio a conocer la nota “Alegan ‘incapacidad mental’ de implicado en la guerra sucia”, firmada por Gustavo Castillo García, que reza:
(Raúl) Mendiolea Cerecero es investigado como presunto responsable de los delitos de genocidio (por el 10 de junio de 1971), privación ilegal de la libertad, tortura, abuso de autoridad y lo que resulte (por el 2 de octubre de 1968)… A los detenidos los trasladaban a las instalaciones de Tlaxcoaque, y estando ahí sin alimentos ni agua para beber eran objeto de las peores vejaciones y torturas, así como de golpes en los testículos por parte de los jefes de la policía Raúl Mendiolea Cerecero y Luis Cueto Ramírez.
[ver video: https://youtu.be/h8O1c_6GkvQ]
Claudia de México y Clarita
Un mero domingo 2 de octubre, pero de 2022, la entonces jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum Pardo declaró la Plaza Tlaxcoaque “sitio de memoria contra la tortura policial” y anunció que “la Fiscalía de la CDMX abriría procesos de judicialización contra quien resulte responsable de los actos inhumanos ahí ocurridos”. (recorrido virtual: https://tlaxcoaque.cdmx.gob.mx/recorrido/)
La transformación del predio en Plaza Tlaxcoaque preservará el sótano del antiguo edificio abierto al público como un Memorial. La Secretaría de Cultura, a través de la Dirección General de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural impulsará proyectos pedagógicos, recorridos guiados con sobrevivientes, y actividades culturales que fomenten el esclarecimiento histórico, el diálogo con la sociedad y la construcción de una cultura de paz. El inmueble tendrá planta baja abierta para permitir conexión peatonal con la plaza y estará enlazado con el proyecto del Parque Elevado. Expresó Clarita:
“La Universidad de las Artes tendrá capacidad para recibir a 4 mil estudiantes y contará con instalaciones de más de 14 mil 200 metros cuadrados, distribuidos en cuatro niveles, con 90 aulas, auditorios y diversos espacios especializados para el aprendizaje de 19 disciplinas artísticas.”
Enhorabuena a nuestras líderes Claudia de México y Clarita Brugada, dos pilares de la política mexicana que gozan de muy amplia aceptación de la ciudadanía, como jamás había constatado este enano feroz en 70 años de vida.






