Una amputación no solo implica adaptarse a una nueva forma de movilidad, también puede representar un desafío para la salud cardiovascular. El esfuerzo físico que requiere caminar con una prótesis, junto con enfermedades como la diabetes o los problemas vasculares, puede aumentar los riesgos para el corazón.
Un estudio poblacional difundido por el gobierno de Estados Unidos señala que las personas con amputaciones presentan un riesgo 30% mayor de sufrir un infarto, 27% más de insuficiencia cardiaca y 17% más de fibrilación auricular, en comparación con quienes no han perdido una extremidad.
En México, se estima que al menos 780 mil personas viven con amputaciones, de acuerdo con cifras atribuidas al Hospital Civil de Guadalajara con datos del Inegi citadas en la información proporcionada.
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¿Por qué una amputación puede afectar al corazón?
El gasto energético para caminar con una prótesis puede ser considerablemente mayor que el de una persona sin amputación. Renée Govea, director de Academy Ottobock y especialista en prótesis y órtesis, explica que el esfuerzo depende del nivel de amputación.
Según el experto, una persona con una amputación por debajo de la rodilla puede gastar hasta cinco veces más energía al caminar; si la pérdida ocurre a la altura de la rodilla, el gasto puede aumentar hasta ocho veces, y en amputaciones desde la cadera puede llegar a diez veces más.
Esta exigencia física puede dificultar la recuperación de la condición cardiorrespiratoria y limitar la actividad cotidiana. Cuando disminuye el movimiento, también pueden aumentar el sedentarismo, el peso corporal y las dificultades para controlar la glucosa y la presión arterial.
El riesgo depende también de la causa de la amputación. En personas con diabetes o enfermedad vascular, las probabilidades de presentar problemas cardiovasculares ya pueden ser elevadas. En quienes sufrieron una amputación traumática, la relación es menos directa y depende de otros factores.
Hábitos y revisiones para cuidar la salud cardiovascular
La rehabilitación debe adaptarse a las condiciones de cada persona y no centrarse únicamente en aprender a utilizar una prótesis. De acuerdo con Govea, es importante establecer un programa que permita recuperar la movilidad sin exigir al organismo más de lo que puede tolerar.
Entre las principales recomendaciones se encuentran:
Mantener revisiones médicas periódicas: vigilar la presión arterial, el colesterol, los triglicéridos, la glucosa y la función renal, según las necesidades de cada paciente.
Realizar ejercicio adaptado: la rehabilitación puede incorporar ejercicios de fuerza, equilibrio y actividad aeróbica. Dependiendo de cada caso, pueden utilizarse bicicletas de brazos, ejercicios sentados o entrenamiento progresivo con prótesis.
Evitar esfuerzos excesivos: las personas con cardiopatías, arritmias, hipertensión no controlada o baja capacidad física deben contar con un programa supervisado por profesionales de rehabilitación y, cuando corresponda, cardiología.
Controlar los factores de riesgo: no fumar, seguir las indicaciones médicas para el control de la diabetes y la presión arterial, cuidar la alimentación y mantener un peso saludable.
Señales de alerta que no deben ignorarse
Durante la rehabilitación y el uso de una prótesis, es importante prestar atención a síntomas como dolor u opresión en el pecho, falta de aire desproporcionada, desmayos, palpitaciones intensas, sudor frío o una disminución repentina de la tolerancia al ejercicio. Ante dolor intenso en el pecho, dificultad respiratoria grave o pérdida del conocimiento, se debe solicitar atención de urgencia.
También es fundamental cuidar la extremidad restante, especialmente cuando la amputación se relacionó con diabetes o enfermedad arterial periférica. Heridas, ampollas, cambios de color o temperatura y lesiones que no cicatrizan requieren valoración médica oportuna.
El objetivo de la atención a largo plazo es combinar la adaptación a la prótesis con la prevención cardiovascular, la actividad física adecuada y el seguimiento médico para favorecer la movilidad y la calidad de vida.
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