Cada 29 de octubre el mundo celebra al gato, ese ser silencioso que habita desde mitologías hasta libros y sillones, y con motivo de su Día Internacional, la ciencia revela datos sorprendentes sobre estos animales.
Esta fecha es una de las tres en que se celebra al pequeño felino. Las otras son el 8 de agosto, día establecido en 2002 por el Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW) para promover su protección y derechos.
También está el 20 de febrero, que surgió en honor a “Socks”, el gato de la familia de Bill Clinton en la Casa Blanca, tras su fallecimiento en 2009, y el 29 de octubre, fecha impulsada originalmente en Estados Unidos por la experta Colleen Paige para fomentar la adopción y visibilizar a los felinos sin hogar.
La magia del gato
Un órgano afinado por millones de años de evolución permite a los gatos captar ultrasonidos que escapan a nuestro oído, mientras que su lengua áspera esconde una estructura compleja de papilas que funcionan como cepillos naturales, esenciales para el acicalamiento y la regulación térmica.
Además, con una memoria a corto plazo de hasta 16 horas, los gatos recuerdan rostros, lugares y rutinas, un rasgo que revela su inteligencia y adaptabilidad.
Su ronroneo tiene una frecuencia de 24 a 140 hertz, sus bigotes (vibrisas) tienen muchas terminales nerviosas que le permiten detectar distancias, tiene una excelente visión nocturna, puede mover sus orejas 180 grados y por separado, hace más de cien sonidos distintos para comunicarse, sus papilas gustativas no detectan los sabores dulces y puede saltar siete veces su tamaño, según datos de la UNAM.

Anatomía, emociones y comportamiento felino
Adicionalmente, un esqueleto flexible y omóplatos libres permiten a los gatos atravesar aberturas que parecen imposibles, un ejemplo perfecto de adaptación anatómica.
Sus 276 expresiones faciales distintas conforman un repertorio emocional que va de la calma a la alerta, apenas perceptible si no se conoce su lenguaje corporal.
Algunos gatos incluso adaptan su conducta para comunicarse de forma más efectiva con las mujeres que con los hombres, un comportamiento que despierta preguntas sobre su inteligencia social.
Rasguñar no es una conducta destructiva, sino un acto instintivo para marcar territorio, estirar músculos y mantener las garras en óptimas condiciones. Y ese despertar inesperado en medio de la noche puede ser una forma de reclamar atención, expresar hambre o manifestar inquietud emocional.
Así que, celebrar a estos animales de compañía no es un gesto de un solo día, sino un compromiso constante, y esterilizarlos, vacunarlos, alimentarlos adecuadamente y respetar su naturaleza es garantizarles una vida larga y saludable.
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