En la era digital en la que vivimos parecería que aprender música está tan solo a un click de distancia al abrir YouTube o redes sociales, donde se ofrecen miles de tutoriales para tocar guitarra, piano o batería con ejercicios, trucos y canciones en videos de pocos minutos, sin embargo ver y repetir videos no es suficiente para realmente hacer música.
Para Andrés Pérez, director musical corporativo de School of Rock, las herramientas digitales pueden ser útiles, pero no sustituyen todo lo que implica aprender un instrumento de manera presencial.
En su experiencia, tocar música también significa convivir con otros músicos, desarrollar disciplina, ensayar, equivocarse y volver a intentarlo hasta llevar lo aprendido a un escenario.
“Hay cursos de música excelentes en YouTube, hay maestros que tienen unos cursos maravillosos. Nosotros también tenemos educación online como complemento, pero lo que nosotros enseñamos es cómo tocar, y eso se hace presencialmente”, explicó.
Pérez enfatizó que mientras un tutorial puede explicar cómo ejecutar una técnica, una experiencia presencial permite que el estudiante reciba retroalimentación, toque junto a otras personas y se enfrente a situaciones que no pueden reproducirse de la misma manera frente a una pantalla.
“Un profesor está en un cuarto contigo, con una guitarra, y después tienes un ensayo con un grupo. Después tienes un escenario, tienes luces, tienes sonido, tienes público. Entonces, la experiencia que nosotros damos parte y termina en lo análogo, en lo presencial, en lo humano”, señaló.
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YouTube puede enseñar, pero la experiencia ocurre fuera de la pantalla
Para el director musical, el auge de las plataformas digitales no significa que las clases presenciales hayan perdido sentido, incluso, consideró que ambos espacios pueden complementarse.
Su propia experiencia con contenidos digitales le permite reconocer que existen propuestas de calidad en internet.
Como ejemplo, mencionó a Nacho Pozo, un maestro de piano cuyo contenido considera valioso, aunque destacó que ese tipo de recursos cumple una función distinta a la convivencia directa entre profesor y estudiante.
La diferencia, dijo, está en que la formación presencial lleva al alumno de la práctica individual a una experiencia colectiva.
“Lo nuestro es totalmente lo presencial, es una experiencia 100 por ciento análoga en un mundo hiperdigitalizado”, afirmó.
Y esa experiencia, agregó, no termina cuando el alumno aprende una canción, pues el objetivo es que pueda formar parte de un grupo, escuchar a otros, responder musicalmente y finalmente presentarse ante un público.
“Tal vez ya no tenemos bicicletas, ahora tenemos guitarras”, comentó Pérez al referirse a la importancia de recuperar experiencias físicas y humanas en un contexto en el que buena parte del aprendizaje y del entretenimiento ocurre mediante dispositivos digitales.
El secreto que necesitan descubrir los jóvenes para aprender música
Más allá de la tecnología, Pérez identifica otro elemento que consideró que la disciplina es indispensable en la formación musical.
El director musical reconoció que la palabra puede tener una connotación negativa, particularmente cuando se relaciona con métodos rígidos de enseñanza, sin embargo, propone recuperar su valor desde una perspectiva distinta, basada en el acompañamiento y la comprensión.
“La disciplina es una palabra que ha envejecido mal”, afirmó.
Desde su perspectiva, la disciplina no tiene que estar relacionada necesariamente con castigos o imposiciones.
Explicó que se refiere a una “disciplina cariñosa, bien impartida, bien explicada, bien compartida”, mediante la cual los niños y adolescentes puedan comprender qué implica esforzarse para conseguir algo.
“Es importantísima para el desarrollo, para la felicidad, para entender el esfuerzo, para entender las posibilidades”, explicó.
En ese sentido, Pérez consideró que esa enseñanza no se limita a la música, pues aprender a practicar un instrumento implica enfrentarse a la frustración, repetir una actividad que todavía no sale bien y entender que el resultado depende de la constancia.
Una experiencia con jóvenes de Monterrey
El director musical recordó una experiencia reciente con ocho jóvenes mexicanos de entre 12 y 15 años en la sede de la escuela Carretera Nacional, en Monterrey.
De acuerdo con su relato, los adolescentes llegaron entusiasmados, aunque inicialmente tenían dificultades para organizarse, por lo que el reto consistió en trabajar una canción de The Rolling Stones bajo una dinámica más estructurada.
“Me puse fuerte, me puse recio”, recordó Pérez.
La intención, explicó, no era simplemente conseguir que tocaran una canción, sino mostrarles lo que puede lograrse cuando existe orden, concentración y trabajo colectivo.
“Fue una dinámica fuerte, ordenada, interesante, enfocada, con comisuras arriba, pero trabajando duro”, relató.
Según Pérez, los jóvenes quedaron sorprendidos por el resultado y posteriormente le agradecieron la experiencia, lo que para él, ese episodio reflejó la importancia de enseñarles que la disciplina no necesariamente está peleada con la diversión.
Aprender música también significa aprender a escuchar
Otro de los aspectos que Pérez considera difíciles de trasladar completamente al entorno digital es la interacción entre músicos.
Un estudiante puede practicar solo frente a una pantalla, pero tocar con otras personas implica escuchar, esperar, responder, adaptarse y asumir una responsabilidad dentro de un grupo.
Esa dinámica forma parte de la experiencia que, desde su perspectiva, hace diferente el aprendizaje presencial.
Por ello, consideró que la música puede convertirse en una actividad que acompaña a una persona durante muchos años, incluso cuando nunca llegue a convertirla en una profesión.
“No necesitamos ser profesionales para poder transitar la música”, sostuvo el director musical, quien en su opinión, el valor de aprender un instrumento también está en lo que aporta a la vida cotidiana a través de la disciplina, la convivencia, la concentración y una forma distinta de relacionarse con otras personas.
Los clásicos también cambian
Aunque buena parte del contenido musical que circula en redes sociales está ligado a tendencias, Pérez sostiene que la formación de un músico no debería depender exclusivamente de lo que está de moda.
School of Rock, explicó, mantiene una relación importante con la música del siglo XX, aunque también consideró que producciones más recientes que pueden convertirse en los clásicos de las nuevas generaciones.
En México, mencionó nombres como Café Tacvba, Caifanes y Molotov, además de otros artistas que pueden incorporarse al repertorio de acuerdo con los intereses de cada comunidad.
“Nosotros no vamos con los tiempos, no vamos con la moda, vamos con la calidad, esa nunca pasa de moda”, afirmó.
Para ejemplificarlo, planteó que un adolescente de Monterrey puede comenzar acercándose a Pink Floyd y posteriormente descubrir a Caifanes, o recorrer el camino contrario, por lo que la música puede funcionar como un puente entre generaciones y estilos.
El redescubrimiento de la música mexicana
Pérez también observa un mayor interés por el repertorio nacional y habla de un “redescubrimiento del repertorio nacional”.
Desde su óptica, la música mexicana tiene una dimensión mucho más amplia de la que suele reconocerse y ofrece numerosas posibilidades para quienes están aprendiendo.
Ese acercamiento no implica dejar de lado la música extranjera, por el contrario, consideró que conocer diferentes repertorios permite ampliar la experiencia musical y entender las conexiones entre distintas épocas, géneros y culturas.
La combinación entre esas referencias puede ayudar a que los estudiantes no se limiten a reproducir una canción que encontraron en redes sociales, sino que desarrollen curiosidad por descubrir de dónde viene, quién la creó y qué otras propuestas pueden escuchar a partir de ella.
Nuevas sedes en México
La conversación sobre la manera en que las nuevas generaciones aprenden música se dio mientras School of Rock amplía su presencia en México.
Pérez confirmó que la sede de Carretera Nacional, en Monterrey, ya abrió, mientras que están previstas nuevas ubicaciones en Cuauhtémoc y Santa Fe, en Ciudad de México.
El crecimiento, sin embargo, no es el único indicador que el director musical utiliza para explicar el interés por este tipo de formación, pues dijo que México es un país con una enorme diversidad cultural y musical, por lo que existe una necesidad de acercar la práctica musical a personas que no necesariamente buscan convertirse en profesionales.
En ese sentido, dijo que aprender música no tiene que estar reservado para quienes quieren dedicarse profesionalmente a ella.








