Existe un duelo silencioso del que rara vez hablamos, pero que casi todos atravesamos en algún momento: el duelo por la vida que imaginamos para nosotros mismos. No se trata de la pérdida física de un ser querido, sino de algo mucho más íntimo y difícil de explicar ante los demás.
Es ese instante en el que despiertas y comprendes que el plan que dabas por seguro, el guion que habías escrito para tu futuro, ya no existe. Esta ruptura de expectativas no solo cambia tus circunstancias, sino que sacude profundamente tu identidad; cuando la versión de ti que «tenía todo bajo control» deja de coincidir con tu realidad, surge una pregunta inevitable: si esta historia se rompió, ¿quién soy yo ahora?
Este proceso suele ser desencadenado por eventos que no pedimos: un diagnóstico inesperado, una crisis financiera, una ruptura amorosa o el fracaso de un proyecto en el que pusimos toda nuestra energía. De repente, la narrativa que habías construido sobre cómo se vería tu vida a cierta edad o en cierto lugar se desmorona.
El duelo por la vida que imaginaste
Lo que duele no es solo lo que se perdió, sino la desaparición de la certeza. Es un duelo complejo porque carece de rituales; nadie te acompaña con flores a despedir el negocio que no funcionó o la estabilidad que se esfumó. Sin embargo, la pérdida es real y exige un espacio de aceptación, humildad y una gran dosis de fe para navegar el vacío.
Aferrarse con rigidez a una versión idealizada del futuro puede convertirse en una prisión que nos impide ver las oportunidades que emergen entre las ruinas. Con el tiempo, aprendemos que estos quiebres no siempre son finales trágicos, sino correcciones de rumbo necesarias.
Soltar las ideas que imaginamos no es un acto de rendición, sino un signo de madurez emocional. Es reconocer que lo que se cae también puede estar liberándonos de una carga que ya no nos pertenece, permitiéndonos construir una realidad mucho más auténtica, consciente y alineada con quien realmente estamos llamados a ser en el presente.
Finalmente, el mayor desafío de este proceso es aceptar que la vida, en su inmensa sabiduría, suele tener un camino distinto al que planeamos con nuestra mente limitada. Confiar en que incluso en el desvío hay un propósito es el acto de fe definitivo. Aunque lo nuevo no se parezca en nada a lo que soñaste originalmente, puede terminar siendo mucho más rico en significado.
El duelo por la vida imaginada termina cuando dejamos de pelear con lo que «debería ser» y comenzamos a abrazar con gratitud lo que «es», descubriendo que la verdadera plenitud no está en el cumplimiento de un plan, sino en la capacidad de reinventarnos en el camino.
¿Quién es Eddy Vera?
Es autora best seller de Amazon, CEO de EV Financial, speaker internacional, mentora de liderazgo y transformación. Reconocida en 2025 por Vogue Leaders Miami como una voz femenina que habla de resiliencia desde el ejemplo. www.eddyvera.com






