Por Anaid Miranda, Sofía Hernández Ríos y Aarón Cruz Soto
En un contexto global marcado por la fragmentación y el discurso polarizado, hay proyectos cinematográficos que apuestan por lo contrario: tender puentes. La más reciente obra del cineasta Rajdeep Choudhury, A Teacher’s Gift, se inscribe precisamente en esa lógica, al construir un diálogo entre la India y América Latina desde la experiencia íntima, la migración y la diversidad.
Lejos de una narrativa convencional, la película parte de una urgencia personal: contar lo que pocas veces se cuenta y tuvo se estreno en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG).
Una historia desde la diáspora
El origen del proyecto está profundamente ligado a la vida del propio autor.
“La historia se formó un poco a partir de mi experiencia de vida personal… también hubo algunas personas que conocí que estaban enfrentando esto al mismo tiempo”, explica Choudhury.
Más allá de lo autobiográfico, el objetivo era claro: visibilizar una realidad ausente en el discurso global.
“Quería contar esta historia que es importante para nuestra diáspora del sur de Asia… este tipo de historia no se escucha, así que quería asegurarme de que el mundo sepa que esto existe”.
México e India: una cercanía inesperada
Durante su acercamiento con el público mexicano, el cineasta encontró afinidades culturales que, en sus palabras, resultaron sorprendentes.
“He estado descubriendo que ustedes están muy cerca de la India. El chile, la comida, la familia… hay tanta similitud… es una locura”.
Esta conexión no solo fue emocional, sino también creativa. Tras ver cine mexicano reciente, expresó su interés en colaborar:
“Me encantaría combinar historias indias y latinoamericanas”.
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Cine como resistencia ante la hostilidad
La película no solo propone un diálogo cultural, sino también una postura ética frente al presente.
“Estamos viviendo en tiempos en los que la gente se está volviendo muy hostil… no hay un punto medio”, reflexiona el equipo de producción.
Frente a ello, la obra se posiciona como un ejercicio de humanidad:
“Esta película muestra mucha tolerancia y humanidad que desafortunadamente el mundo está perdiendo”.
Un impacto que trasciende la pantalla
El recorrido internacional del filme confirma su alcance. En el Festival de Cine de Tribeca, la respuesta del público fue inmediata y emocional.
“Una niña de trece años se me acercó y me dijo: ‘Me hiciste llorar’”, recuerda el cineasta.
Pero el mayor logro se ha registrado en su país de origen, donde la película ha sido reconocida como un hito dentro de narrativas diversas del sur de Asia.
“Es algo histórico”, afirma, consciente de la responsabilidad que implica abrir camino.
“Mi historia… siempre tendrá este tipo de mensaje, pero también entiendo que el cambio es lento”.
Crear desde la confrontación creativa
El proceso de producción estuvo marcado por un intercambio constante de ideas, incluso en tensión.
“Peleamos por la película… a veces piensas que estamos locos, pero demuestra la pasión”, comparte Choudhury.
Esa dinámica, lejos de fracturar, fortaleció el proyecto: “Para estar con gente que sabe tanto, tengo que estar siempre alerta”.
Un puente en construcción
Más allá del resultado final, el cineasta ve en su paso por México el inicio de una relación cultural más amplia.
“Este es un gran hito para la relación entre India y México”, afirma.
Y concluye con una petición que revela el espíritu del proyecto: escuchar al otro.
“Me encantaría conocer qué piensa realmente el público… ese es el mensaje que nos llevaríamos”.






