Versos para reír, criticar y recordar a los muertos
Cada Día de Muertos, la literatura popular mexicana recupera una de sus expresiones más características: las calaveritas literarias. Son composiciones en verso que imaginan encuentros entre los vivos y la muerte, personificada como La Catrina, La Huesuda, La Parca, La Flaca o La Calaca.
Su particularidad consiste en transformar un acontecimiento inevitable, generalmente asociado con el temor y la solemnidad, en motivo de humor, ironía y crítica. La muerte visita, persigue, reclama o se lleva a personajes que todavía viven, mientras el autor construye situaciones imaginarias para exhibir sus virtudes, defectos, contradicciones o aspiraciones.
Pero las calaveritas no son simplemente poemas sobre la muerte. También permiten retratar a la sociedad, cuestionar al poder y decir mediante el ingenio aquello que muchas veces resulta difícil expresar directamente.
De sátira popular a tradición mexicana: las calaveritas literarias
Aunque México posee una relación ancestral con la muerte, las calaveritas literarias, como género de expresión popular impresa, tienen antecedentes en la literatura satírica y los epitafios burlescos que circularon durante la época colonial.
Su desarrollo y consolidación ocurrieron durante el siglo XIX, cuando comenzaron a aparecer en periódicos y publicaciones populares. Aquellos versos utilizaban el humor para criticar costumbres, exhibir comportamientos y cuestionar a personajes de la vida pública.
También fueron conocidas como panteones. Su circulación no estuvo exenta de conflictos con las autoridades, pues detrás de las bromas podían esconderse críticas políticas y sociales.
La prensa encontró en estas composiciones una forma de comentar los acontecimientos de su tiempo. La muerte se convirtió en un personaje capaz de poner en evidencia a gobernantes, funcionarios y figuras influyentes, sin importar su posición o jerarquía.
La tradición gráfica contribuyó también a consolidar este imaginario. Manuel Manilla y José Guadalupe Posada popularizaron las representaciones de esqueletos en situaciones cotidianas y con una mirada crítica sobre la sociedad.
La célebre Calavera Garbancera, creada por Posada y posteriormente incorporada por Diego Rivera a su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, terminó por consolidarse en el imaginario mexicano con el nombre de La Catrina.
Calaveritas literarias: la muerte como crítica, retrato y memoria
El significado de las calaveritas literarias va mucho más allá de la broma sobre el fallecimiento de una persona. Su fuerza consiste en utilizar la muerte imaginaria para hablar de la vida.
En la sátira política, por ejemplo, la Huesuda puede visitar a un gobernante, reclamarle cuentas a un funcionario o llevarse a un político que se resiste a abandonar sus aspiraciones. El recurso permite cuestionar decisiones, señalar contradicciones y exhibir ambiciones.
Las calaveritas también funcionan como pequeños retratos sociales y crónicas en verso. Recuperan acontecimientos, costumbres, conflictos y personajes de una época para transformarlos en historias humorísticas.
No todas, sin embargo, tienen una intención mordaz. Algunas expresan afecto, evocan recuerdos y celebran la memoria de quienes ya no están. En ellas, la muerte deja de ser una amenaza para convertirse en una invitada simbólica a la celebración.
Esa diversidad explica su permanencia: pueden ser irreverentes y festivas, pero también entrañables y emotivas.
La muerte, por supuesto, también puede irrumpir en una reunión entre amigos y provocar situaciones inesperadas. En estos casos, basta reunir personajes, costumbres y ocurrencias para construir una historia en verso.
Así lo muestra la composición de Vania Itandehui, titulada Tuláakal múul («Todas juntas»), en la que La Parca se encuentra con una tertulia donde las cosas no resultan precisamente como esperaba.

La sátira política es otra de las expresiones más reconocibles de las calaveritas. Sus protagonistas suelen ser personajes públicos cuyas trayectorias, decisiones y contradicciones ofrecen material para el humor y la crítica.
En su composición, Susana Cato recurre a la figura de la Calaca para evocar la trayectoria de Cuauhtémoc Cárdenas, su participación en la vida política nacional y el controvertido proceso electoral de 1988.

La política mexicana ante La Huesuda
La sátira alcanza también a los partidos políticos, las elecciones y los funcionarios en turno. En estas composiciones, la muerte se convierte en una observadora irreverente de la vida pública: visita oficinas, recorre los panteones de la política y encuentra motivos para cuestionar las ambiciones y contradicciones de sus protagonistas.
Jesús Mejía lleva este recurso al terreno de la actualidad política mexicana, con calaveritas dedicadas a personajes, instituciones y fuerzas partidistas.
Las elecciones
Año de dos mil veintiséis,
ya está la caballada de aspirantes desatada,
son muchas las ánimas que andan por doquier,
vienen a degustar el pan y las mieles
de las ofrendas instaladas a su merced,
¿o será que buscan los votos y el hueso
para hacer su cartera crecer?
Claudia Sheinbaum
Dicen los chismes que la Catrina y no La Llorona
es la más popular del panteón,
ahora vaga por los pasillos de Palacio Nacional
dando Mañaneras y una fúnebre oración;
en las noches se oyen sus alaridos y parlamentos,
en la madrugada recorre la plaza mayor
donde puso su enorme monumento
con alfombra de cempasúchil y patas de león,
para no perder la costumbre, dice,
ahí me puse en plantón.
Marcelo Ebrard
A Marcelo Ebrard
nadie lo entiende,
su ánima anda perdida,
no sabe ni lo que quiere:
antes quiso ser presidente,
otro momento fue canciller y regente,
ahora es secretario de Economía,
pero la pobreza y el desempleo crecen.
Ahí anda penando por su calaverita,
a ver si alguien se conmueve.
Los políticos le huyen,
los pobres ni quieren que se les acerque.
Guadalupe Taddei
A Guadalupe Taddei
la enterraron boca abajo.
—¿Y eso? —preguntan las almas del purgatorio.
—Por si se quiere salir —dicen los espíritus chocarreros—,
que se vaya más pa’ bajo.
Cuauhtémoc Cárdenas
Le pusieron muchas velas en la ofrenda,
mandarinas, jícamas y calaveras de azúcar,
también ponche y charanda de su tierra a más no poder;
—Ah, caray, ¿quiénes lo quieren tanto?
—preguntan las ánimas del panteón francés.
El pueblo le rinde tributo
a quien por la democracia luchó con fe,
abrió frentes a los partidos políticos,
candidato a la Presidencia fue;
un fraude electoral descomunal en el 88,
con Bartlett y Salinas, lo hizo perder;
hoy descansa en paz Cuauhtémoc Cárdenas,
todos lo recuerdan como el caballero águila que es.
Mario Delgado
Del más allá vieron llegar
el ánima de Mario Delgado.
¡Huy!, corrieron los niños
ante tal espanto.
No da una, dicen en las escuelas,
no es en la educación un buen gallo,
primero buscó dar prioridad
al futbol que a los educandos;
buscó las vacaciones adelantar,
por burro le dieron un palo.
Que los niños ya no van a usar celulares en sus clases,
tarde determinó el secretario,
ya lo hacen en muchas ciudades del mundo,
en México se hacen las cosas con retraso.
La OCDE dice que reprobamos en matemáticas,
con este funcionario no avanzamos.
Por eso no le pusieron
ofrenda de muertos, ni velas ni rosarios.
Hoy anda penando su alma
en la soledad del camposanto.
PRI
Vuela, vuela palomita,
que del panteón los muertos quieren salir;
ahí un tal Alito Moreno
y una que otra momia del PRI
buscan romper las lápidas.
Miguel Riquelme Solís,
también el yuca Rolando Zapata,
de su entierro o del olvido quieren salir.
Ahí andan los espíritus de López Portillo,
de Salinas y Miguel de la Madrid.
¡Ah, qué tiempos aquéllos!,
cuando eran partido único y del gobierno sin fin.
Se les apareció la pelona democracia
y en el hoyo habrán de seguir.
PAN
Ahí andan penando las almas de los panistas,
queriendo prender cirios y pedir calaveritas;
de pétalos de cempasúchil han regado el camino
pa’ que salgan sus espíritus de las criptas.
Quieren ganar cuando menos un buen hueso,
de diputado local o regidor de perdida.
Vagan las almas de Felipe Romero y Alberto Anaya,
también de la combativa Téllez y del yuca Mauricio Vila,
pero el diablo de Morena les puso con tridente el alto:
«¿A dónde van con tanta prisa?»
Ofrenda
Ahí con ésta me despido,
pa’ todos hay calaveritas,
demos la bienvenida a nuestros muertitos,
a quienes amamos en vida.
Larga memoria y bendiciones tengan.
¡Qué nuestros altares honren su visita!
Calaveritas de Jesús Mejía, colaboración especial para AMEXI.
Cómo se escriben las calaveritas literarias
No existe una fórmula obligatoria para escribir las calaveritas literarias. Sin embargo, la tradición ha desarrollado recursos narrativos y poéticos que permiten reconocerlas y construirlas.
El primer paso es elegir al protagonista. Puede tratarse de un personaje público, un político, un artista, una institución, un compañero de trabajo o alguien de la familia. Lo importante es encontrar un rasgo de su personalidad, actividad o circunstancia que permita construir una historia.
Después aparece la muerte como personaje. La Huesuda llega para buscar al protagonista, lo sorprende en alguna actividad, lo persigue o intenta llevárselo. También puede convertirse en interlocutora, adversaria o cómplice de sus ocurrencias.
La composición necesita una pequeña historia. Generalmente presenta al personaje, desarrolla el encuentro con la muerte y conduce a un desenlace inesperado. El remate es fundamental: debe provocar una sonrisa, una reflexión o una sorpresa.
Las calaveritas tradicionales suelen utilizar versos octosílabos, de ocho sílabas métricas, y con frecuencia se organizan en estrofas de cuatro versos. La rima puede ser consonante o asonante.
Pero estas reglas no son inamovibles. Existen composiciones con versos de distinta extensión, rimas irregulares y estructuras más libres. Lo fundamental es conservar la musicalidad, la claridad de la narración y el efecto humorístico.
Entre sus recursos más frecuentes destacan:
- Personificación: la muerte adquiere características humanas.
- Ironía: permite expresar una idea mediante un sentido distinto.
- Hipérbole: exagera situaciones o comportamientos para provocar humor.
- Doble sentido: aprovecha palabras y expresiones con distintas interpretaciones.
- Sátira: utiliza la burla para señalar defectos y contradicciones.
- Remate: cierra la composición con un giro inesperado.
Una buena calaverita no depende exclusivamente de que sus versos rimen. Requiere observar la realidad, encontrar aquello que merece una crítica o una broma y descubrir la manera más ingeniosa de contarlo.
Calaveritas literarias: una tradición que se niega a morir
Las calaveritas literarias han sobrevivido porque cada generación encuentra nuevos personajes, acontecimientos y motivos para escribirlas. Cambian los protagonistas y las preocupaciones sociales, pero permanece su esencia irreverente.
En una sociedad donde el poder suele rodearse de solemnidad, estos versos ofrecen otra posibilidad: cuestionar, denunciar, recordar y reír.
También permiten que la memoria tenga un espacio en la celebración. Mientras las familias colocan ofrendas y recuerdan a sus seres queridos, las calaveritas juegan con la presencia imaginaria de la muerte y la convierten en protagonista de nuevas historias.
Nadie escapa a la muerte, pero todos podemos reírnos de ella.
Porque en México, hasta la Huesuda tiene que soportar las ocurrencias de los vivos. Y si viene por alguien, que al menos se lleve algunas buenas calaveritas literarias.
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