Durante siglos, el origen del Códice Tonalámatl de Aubin estuvo en duda, hasta que una reciente investigación científica confirmó que no es una copia colonial ni una falsificación, pues se elaboró alrededor de 1494, antes de la llegada de los españoles a México.
El estudio, realizado por especialistas de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH) y la Universidad de Colorado Boulder, utilizó análisis de carbono 14 para determinar la antigüedad del material con el que se elaboró.
El resultado aporta nuevas evidencias sobre uno de los documentos fundamentales para comprender la visión del mundo y las prácticas rituales de los pueblos nahuas.
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El carbono 14 confirma su origen prehispánico
La datación mediante carbono 14 permitió establecer que el manuscrito se elaboró alrededor del año 1494, aunque el método contempla un margen de variación de aproximadamente 30 o 40 años antes o después de esa fecha.
Baltazar Brito Guadarrama, titular de la BNAH, destacó la importancia de los resultados, pues permiten sostener científicamente que el documento es prehispánico, después de años de incertidumbre sobre el momento de su elaboración.
Los especialistas también estimaron que la materia prima utilizada para producir el manuscrito se obtuvo alrededor de 1424, un dato que abre nuevas líneas de investigación sobre la fabricación y la historia material del códice.
¿Qué es el Códice Tonalámatl de Aubin?
El Códice Tonalámatl de Aubin es un manuscrito de carácter mántico o adivinatorio relacionado con el tonalpohualli, el calendario ritual de 260 días utilizado por los pueblos nahuas.
Está compuesto por 18 folios de papel amate, de aproximadamente 24 por 27 centímetros cada uno y en conjunto forman una tira de unos 4.86 metros de longitud, plegada en forma de biombo.
Sus páginas contienen pictografías vinculadas con deidades, símbolos y trecenas que formaban parte de la cuenta ritual, por lo que el documento constituye una fuente fundamental para conocer la manera en que las sociedades nahuas concebían el tiempo, el destino y la relación entre las personas y las fuerzas divinas.
Durante años se cuestionó su autenticidad
La procedencia del manuscrito había generado un debate entre especialistas, pues una de las hipótesis planteaba que podía ser una copia de manufactura más sencilla del Códice Borbónico, y también llegó a considerarse la posibilidad de que hubiera sido elaborado durante el periodo colonial.
Entre los elementos que alimentaron las dudas estaban determinadas características de sus representaciones pictográficas, como el glifo “flor”, así como la manera en que se aplicaron algunos colores.
La nueva datación científica modifica este panorama al aportar evidencia que respalda que el soporte material del códice fue producido en época prehispánica.
Un códice que pudo sobrevivir oculto durante la Colonia
La historia del manuscrito no termina con la llegada de los españoles, ya que los investigadores plantean que, después de la conquista, posiblemente se consideró un libro religioso prohibido por las autoridades coloniales.
De acuerdo con la investigación, este documento estaría oculto entre aproximadamente 1614 y 1648, posiblemente como parte de un esfuerzo por preservar conocimientos y prácticas vinculados con la antigua religión indígena.
Más adelante, el historiador italiano Lorenzo Boturini conoció el documento y lo adquirió alrededor de 1740.
Su recorrido histórico convierte al códice en algo más que una pieza de valor arqueológico, pues representa un testimonio de la manera en que determinados conocimientos indígenas pudieron sobrevivir a las transformaciones religiosas y culturales del periodo colonial.
¿Qué nuevos descubrimientos aporta la investigación?
Los resultados forman parte del libro “Tonalámatl de Aubin. Nuevos estudios sobre un códice adivinatorio”, presentado el 29 de agosto de 2026 durante la Feria Internacional del Libro Universitario.
La publicación reúne el trabajo de 16 especialistas de disciplinas como física, química, biología, arqueología e historia.
Los investigadores no sólo analizaron la antigüedad del material, sino también los componentes utilizados para elaborar el manuscrito, el origen de sus pigmentos y los llamados pentimentos, es decir, modificaciones realizadas sobre las imágenes originales.
También estudiaron las representaciones de distintas deidades y las compararon con las del Códice Borbónico, debido a las semejanzas que existen entre ambos documentos.
Una ventana al calendario ritual de los pueblos nahuas
Esta confirmación ofrece una nueva referencia para estudiar los conocimientos religiosos y calendáricos de las sociedades indígenas antes de la conquista.
Su contenido permite acercarse al tonalpohualli, una cuenta ritual de 260 días en la que cada periodo se asociaba con distintas deidades, símbolos y concepciones sobre el destino.
Con la evidencia obtenida, el manuscrito deja atrás buena parte de las dudas y adquiere un nuevo valor como documento prehispánico.






