Cada año, durante la celebración de Corpus Christi, las inmediaciones de iglesias y catedrales en distintas regiones de México se llenan de coloridas mulitas elaboradas con hoja de maíz, palma, barro, cristal y otros materiales artesanales.
La tradición de comprarlas, venderlas o regalarlas es tan popular que la festividad también es conocida como el “Día de las Mulas”.
Aunque para muchos se trata de una costumbre heredada de generación en generación, detrás de estas piezas artesanales se encuentra una historia que conecta la evangelización, el trabajo indígena durante la época colonial y la transformación cultural.
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Corpus Christi, una fiesta con profundas raíces en México
Corpus Christi es una de las celebraciones más importantes de la Iglesia Católica, ya que conmemora la presencia de Jesucristo en la Eucaristía.
La festividad llegó a la Nueva España poco después de la Conquista y rápidamente adquirió características propias gracias a la participación de los pueblos indígenas.
Durante siglos, comunidades provenientes de lo que hoy son el Estado de México, Morelos, Puebla, Tlaxcala, Querétaro y Guanajuato acudían a la Ciudad de México para presentar ofrendas al Santísimo Sacramento.
Los indígenas transportaban frutas, flores, semillas y productos agrícolas como muestra de agradecimiento y para ello utilizaban guacales y enormes canastos que cargaban sobre la espalda en largos recorridos hacia la Catedral Metropolitana.
El origen de las mulas en la celebración
La tradición de regalar mulitas surgió como un homenaje a los animales de carga que transformaron la vida cotidiana en la Nueva España.
Antes de la llegada de caballos, burros y mulas, gran parte del transporte de materiales recaía directamente sobre los indígenas, quienes fungían como tamemes o cargadores.
La situación era especialmente pesada durante la construcción de ciudades, conventos e iglesias.
Documentos históricos muestran que miles de trabajadores indígenas transportaban piedra, arena, madera y cal para levantar los edificios de la nueva capital virreinal.
La introducción de mulas y burros durante el siglo XVI permitió aliviar parte de ese esfuerzo físico y gracias a su resistencia y capacidad de carga, estos animales se convirtieron en aliados fundamentales para las actividades agrícolas, comerciales y de construcción.
Con el paso del tiempo, las mulas terminaron como símbolo de trabajo, ayuda comunitaria y el sustento de numerosas familias.
El papel de las mulas en la historia de México
Historiadores señalan que la presencia de mulas fue clave para el desarrollo económico de la Nueva España.
Las recuas de mulas transportaban mercancías entre ciudades, abastecían mercados y facilitaban el intercambio comercial en territorios donde los caminos eran difíciles y las distancias enormes.
Incluso el rey Carlos I de España reconoció la necesidad de introducir animales de carga en América para evitar que los indígenas continuaran soportando grandes pesos sobre sus espaldas.
La importancia de estos animales fue tal que localidades como Otumba, en el actual Estado de México, se convirtieron en centros de comercio especializados en la venta de burros y mulas, actividad que alcanzó gran prestigio durante la época colonial.
¿Por qué se regalan mulitas artesanales?
Las pequeñas mulas que hoy se venden en Corpus Christi representan un recuerdo simbólico de aquellos animales que ayudaron a transportar las ofrendas y productos agrícolas hacia los templos.
Artesanos de distintas regiones elaboran las figuras utilizando materiales tradicionales como hojas secas de elote, carrizo, palma, tule, barro, cristal y papel.
Regalar una mulita durante Corpus Christi simboliza prosperidad, trabajo, gratitud y abundancia, pero también es una forma de mantener viva una tradición que mezcla elementos religiosos, históricos y culturales.
La tradición de vestir a los niños de “inditos”
Otra de las imágenes más representativas de Corpus Christi es la de niños vestidos con trajes indígenas.
La costumbre recuerda a los antiguos pobladores originarios que acudían a las celebraciones religiosas llevando sus productos agrícolas como ofrenda.
Con el tiempo, la figura de San Juan Diego se incorporó como símbolo de la identidad indígena cristiana.
Por ello, los pequeños suelen portar sombreros, huaraches, ayates, canastas con frutas y pequeñas mulitas artesanales, recreando la imagen de aquellos peregrinos que llegaban a la capital durante la época virreinal.
A pesar de los cambios sociales y urbanos, la tradición de las mulitas de Corpus Christi sigue vigente en gran parte de México y cada año, cientos de artesanos acuden a los alrededores de iglesias y plazas para ofrecer sus creaciones, manteniendo vivo un legado que tiene más de cuatro siglos de historia.






