Durante el segundo trimestre de 2026, tanto la pobreza laboral como la persistencia en pobreza laboral registraron incrementos, mientras que la brecha salarial de género permaneció prácticamente sin cambios.
El Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) destacó que la pobreza laboral alcanzó en el primer trimestre de 2026 su nivel más bajo en dos décadas, al ubicarse en 30.7%.
En ese mismo periodo, la persistencia en pobreza laboral, es decir, el porcentaje de personas que permanecen en esa condición un año después descendió a un mínimo histórico de 65.6%.
De acuerdo con el organismo, parte de esta mejora responde a la política de incrementos al salario mínimo que el gobierno retomó con mayor intensidad desde 2019.
Sin embargo, la actualización de los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) correspondiente al segundo trimestre de 2026 muestra un deterioro en ambos indicadores.
La pobreza laboral aumentó de 30.7% a 32%, mientras que la persistencia en pobreza laboral pasó de 65.6% a 68%, lo que refleja dificultades para consolidar una mejora sostenida en las condiciones de ingreso de la población trabajadora.
Brecha salarial de género sigue intacta
El análisis también evidencia que la desigualdad salarialpobreza laboralentre mujeres y hombres continúa como uno de los principales desafíos estructurales del mercado laboral mexicano.
Al comparar el segundo trimestre de 2026 con el mismo periodo de 2025, la brecha salarial promedio apenas mostró variación al pasar de 23.9% a 23.7%, lo que significa que las mujeres continúan percibiendo ingresos considerablemente menores que los hombres.
La diferencia se relaciona también con la distribución desigual del tiempo dedicado al trabajo remunerado.
Mientras los hombres laboran en promedio 44 horas semanales remuneradas, las mujeres trabajan 37 horas, una brecha equivalente a casi una jornada laboral adicional por semana.
EI CEEY señaló que esta situación refleja, en parte, la carga desigual de las tareas domésticas y de cuidados, responsabilidades que llevan a muchas mujeres a optar por empleos con mayor flexibilidad, con frecuencia dentro de la informalidad, o a desempeñar jornadas remuneradas más cortas.
Persisten barreras para la movilidad social
La actualización de estos indicadores confirma que el mercado laboral mexicano mantiene barreras estructurales que limitan las oportunidades de desarrollo e inclusión para amplios sectores de la población.
En este contexto, la brecha salarial de género se mantiene como uno de los principales obstáculos para fortalecer la movilidad social y reducir las desigualdades económicas.
El CEEY consideró indispensable reforzar las acciones que permitan conciliar el trabajo remunerado con las labores de cuidado y del hogar.
Asimismo, planteó la necesidad de implementar y consolidar mecanismos que eliminen de forma directa las disparidades de ingresos entre mujeres y hombres, además de atender fenómenos como el “techo de cristal” y el “piso pegajoso”, que continúan limitando el desarrollo laboral femenino.







