Los colectivos de madres buscadoras recorren hoy los rincones más hostiles de la ciudad. No esperan a que las fiscalías actúen: ellas mismas excavan terrenos baldíos, rastrean fosas clandestinas y peinan barrios enteros con fotografías plastificadas de sus hijos.
El coraje no nace del valor, sino del dolor. El 30 de abril de 1977, catorce mujeres en Buenos Aires desafiaron a la dictadura militar argentina para exigir verdad sobre sus hijos e hijas desaparecidos. Eran las Madres de Plaza de Mayo, encabezadas por Azucena Villaflor, quien tras el secuestro de su hijo propuso organizarse y marchar frente a la Casa Rosada. A pesar del Estado de sitio, la persecución y el secuestro de tres de sus fundadoras, estas mujeres tejieron un movimiento que se volvería símbolo internacional de resistencia. Madres buscadorasas en

La única lucha que se pierde es la que se abandona
Con sus pañuelos blancos, caminaron alrededor de la plaza para evadir la represión, convirtiendo la lucha individual en lucha colectiva. Bajo el lema “La única lucha que se pierde es la que se abandona”, la cual resonaría años después en otras geografías marcadas por el terrorismo de Estado y la desaparición forzada.
Casi al mismo tiempo, al otro lado del continente, en México, otra madre convertía su tragedia personal en bandera nacional. Rosario Ibarra de Piedra, nacida en Saltillo en 1927, sufrió el hecho de que su hijo, Jesús Piedra Ibarra, un joven activista de 19 años, fue aprehendido por agentes de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) en Monterrey, en abril de 1975. Los agentes lo habrían entregado a instancias castrenses.
Rosario Ibarra nunca volvió a verlo. Lejos de rendirse, en 1977 fundó el Comité Pro-Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, llamado después Comité ¡Eureka!, bajo la consigna que hoy recorre Latinoamérica: ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

Mediante huelgas de hambre y presión constante, el Comité Eureka contribuyó a lograr la amnistía para mil 500 presos políticos y el regreso de 57 exiliados. Así se demostró que la organización de las madres puede doblegar incluso a poderes autoritarios.
De la Plaza de Mayo a la Ciudad de México
Argentina y México, dos gobiernos represivos, dos historias que se entrelazan en la memoria de América Latina. Las Madres de Plaza de Mayo se enfrentaron al “Proceso de Reorganización Nacional” que dejó más de 30 mil desaparecidos.
Rosario Ibarra luchó contra la llamada Guerra sucia que sembró el terror en los sexenios de Díaz Ordaz y Echeverría. Azucena Villaflor, desaparecida en 1977 por el Grupo de Tareas 3.3; Rosario Ibarra, fallecida en 2022 sin encontrar a su hijo. Ambas mujeres construyeron puentes internacionales, abrieron museos de la memoria (la Casa de la Memoria Indómita en México), inspiraron documentales y fueron candidatas al Premio Nobel de la Paz.
Sus movimientos se transformaron, pero nunca se extinguieron. Como confesaría la propia Rosario: a ella le hubiera gustado ser una mujer desconocida, pero tener a su hijo con vida. Esa es la paradoja de las madres buscadoras: su grandeza nace de su ausencia. Y por eso su lucha no termina.
CDMX: epicentro silencioso
Mientras las cifras nacionales dibujan una tendencia alarmante, la Ciudad de México se ha convertido en un epicentro silencioso de la crisis de desapariciones. De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), en 2024 se reportaron 13 mil 449 desapariciones en todo el país, la cifra más alta en un sexenio, con un promedio diario de 37 casos.
En lo que va de 2026, sólo en la capital se han registrado 193 personas desaparecidas, lo que representa un incremento de 27% respecto al mismo periodo del año anterior. Las demarcaciones más afectadas son Iztapalapa, Gustavo A. Madero, Cuauhtémoc, Álvaro Obregón, Tlalpan y Venustiano Carranza. Detrás de cada número hay una historia, y detrás de cada historia hay una madre que ha convertido su casa en centro de operaciones, su mirada en un escáner de rostros y su vida en una búsqueda interminable.

Violencia contra los jóvenes
En Álvaro Obregón, una de las alcaldías con mayor incidencia, se han reportado 19 casos en los primeros meses de 2026. Ahí, madres como las que buscan a Heidi Naomi, de 14 años, desaparecida en la colonia Primera Victoria, o a su hermano Marco Antonio, de 16, ausente desde diciembre sin que nadie dé con su paradero, organizan brigadas de búsqueda con cuerdas, picos y una desesperación que las autoridades no han logrado comprender.
La violencia contra los jóvenes se ha normalizado en la capital. Diego Moysés, de 16 años, fue visto por última vez el 5 de marzo en la colonia Olivar del Conde, también en Álvaro Obregón. Su caso no es aislado. Los datos del RNPDNO muestran que las desapariciones en la Ciudad de México afectan principalmente a adolescentes y jóvenes, un grupo que debería estar resguardado por políticas de prevención que, en la práctica, brillan por su ausencia.
“Vivos se los llevaron, vivos los queremos”
La diputada local Lizzette Salgado ha alertado que el fenómeno se expande sin control y ha pedido reforzar los mecanismos de búsqueda inmediata. Pero mientras el gobierno capitalino discute presupuestos, las madres buscadoras ya están en la calle, con sus pañuelos blancos —o ahora con mochilas y gorras—, repitiendo la consigna que Rosario Ibarra hizo propia: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.
El contexto nacional agrava la lucha de estas mujeres. A lo largo del último sexenio, la desaparición mostró una tendencia al alza, con un aumento de 30% entre 2023 y 2024. Estados como Sonora (+200%), Aguascalientes (+198%) y Sinaloa (+133%) registraron variaciones alarmantes. La Ciudad de México no es la excepción. Además, el gobierno de López Obrador intentó rasurar el Registro Nacional de Personas Desaparecidas para diluir el impacto político de las cifras, creando un “censo” paralelo con categorías sin fundamento legal.

Esta manipulación oficial no sólo viola la Ley General en Materia de Desaparición, sino que revictimiza a las familias que dependen de datos confiables para orientar sus búsquedas. Frente a dos cifras oficiales contradictorias, las madres buscadoras sólo confían en sus propias libretas, en sus redes de WhatsApp y en la solidaridad de otros colectivos.
Realidad de las madres buscadoras
Hoy, mientras Heidi, Marco Antonio, Diego Moysés y miles más siguen sin aparecer, las madres buscadoras de la Ciudad de México se reúnen en el Centro Histórico, o frente a las fiscalías de las alcaldías más golpeadas. No tienen grandes presupuestos ni reflectores mediáticos constantes. Tienen, eso sí, la memoria de sus hijos cosida a la piel. Como las 14 mujeres que un día de 1977 desafiaron a la dictadura argentina, o como Rosario Ibarra, que nunca dejó de buscar a Jesús, estas madres mexicanas saben que la única lucha que se pierde es la que se abandona. Y mientras haya una fosa sin remover, una ficha sin actualizar o un funcionario que mire hacia otro lado, ellas seguirán ahí: firmes, combativas, con el fuego en los pies y la verdad en la boca.
Colectivo «Una Luz en el Camino»: cuando el amor se vuelve búsqueda
Jaqueline Palmeros no eligió ser activista. La madrugada del 24 de julio de 2020, cuando su hija Monserrat Uribe Palmeros, de 21 años, desapareció en Iztapalapa, Jaqueline se convirtió en lo que ella misma define como una madre buscadora por necesidad, por amor. Durante más de cuatro años, enfrentó sola la indolencia, la negligencia y la incredulidad de las autoridades. Hasta que comprendió una lección fundamental: a Jaqueline Palmeros no la escuchaban cuando gritaba sola, pero un día se encontró con dos madres y una hermana y les propuso: «¿Y si venimos un día, nos juntamos y les gritamos todas?».
Así nació, en 2021, el colectivo Una Luz en el Camino, una organización que transformó el dolor individual en fuerza colectiva y que hoy es una de las voces más combativas en la búsqueda de personas desaparecidas en la Ciudad de México.
Métodos que combinan la creatividad y la fe
Los métodos de «Una Luz en el Camino» combinan la desesperación con la creatividad y la fe. El colectivo organiza brigadas de búsqueda en campo en puntos críticos como el Ajusco (Tlalpan) y los límites de Tláhuac con Chalco, donde en abril de 2026 hallaron 219 restos óseos. Pero su estrategia más distintiva es buscar a los desaparecidos entre la población en situación de calle de la capital, una labor silenciosa que ya ha permitido localizar con vida al menos a dos personas. También han repartido más de 5 mil botellas de agua con fichas de búsqueda durante el Carnaval de Veracruz, y desde 2025 organizan una peregrinación anual a la Basílica de Guadalupe, recorriendo más de 10 kilómetros desde el Metro Coyuya como un acto de fe y protesta. Cada acción es un grito: no son números, son rostros, son hijos, son vidas que merecen ser encontradas.
Los hallazgos del colectivo son contundentes, pero también revelan la falla del sistema. En enero de 2025, durante su cuarta brigada en el Ajusco, Jaqueline encontró los restos de su propia hija, confirmados con 99.9% de coincidencia genética. Pudo darle sepultura digna, un privilegio que miles de madres aún no tienen. El colectivo también localizó los restos de Margarita Carmona, una mujer que nunca había sido buscada porque su madre no sabía leer ni escribir, y ha logrado identificar a ocho personas desaparecidas en sus primeros tres años.
Enfrentan constantes amenazas
Sin embargo, enfrentan amenazas de grupos de choque, la negligencia del Instituto de Servicios Periciales (Incifo), y la falta de recursos, la primera brigada masiva en el Ajusco se pagó con el finiquito del empleo que Jaqueline perdió. Aun así, ella lo resume así: «Transformé todo en fuerza, en coraje para seguir luchando». Y advierte a quienes los miran desde el poder: «Las familias buscadoras no somos un botín político y no se puede jugar con nuestro dolor».

Colectivo «Hasta Encontrarles CDMX»: la capital también duele
Mientras el discurso oficial ha insistido durante años en asociar la crisis de desapariciones con el norte del país y los cárteles, en 2018 un grupo de familiares y voluntarios de la Ciudad de México decidió romper ese silencio. Nació así Hasta Encontrarles CDMX, un colectivo que partió de una premisa incómoda pero necesaria: en la capital del país también se vive una crisis de desapariciones, solo que nadie le ha prestado la importancia debida.
Con una base de operaciones en la propia CDMX y voceros como Carlos Ramírez, el colectivo se propuso llenar el vacío institucional y garantizar el derecho a la verdad de las familias. Su mensaje es firme y va directo a los funcionarios: «Los cargos duran seis años y sus ambiciones políticas tienen fecha de caducidad. Las familias, en cambio, nos quedamos. No nos iremos, no nos cansaremos y, sobre todo, no les regalaremos la tranquilidad de nuestro silencio».
Las acciones de Hasta Encontrarles CDMX abarcan desde la búsqueda en campo hasta la incidencia política de alto nivel. Sus brigadas recorren puntos críticos como:
- la parte alta del Ajusco en Tlalpan,
- las barrancas de Álvaro Obregón,
- el Cerro de la Estrella en Iztapalapa,
- la Sierra de Guadalupe en Gustavo A. Madero e
- incluso los canales profundos de Xochimilco.
Pero quizás su mayor aporte ha sido la presión institucional: en 2025, junto con otros colectivos, postularon y lograron la designación de Luis Gómez Negrete como nuevo comisionado de Búsqueda de la CDMX, un perfil con más de 14 años de experiencia que ha generado esperanza en las familias.
Además, exigen la implementación de búsqueda inmediata en las primeras 72 horas y la estrategia de búsqueda por patrones, que agrupa casos con similitudes para hacer más eficientes los operativos.
Visibilización internacional, herramienta poderosa
El colectivo también ha entendido que la visibilización internacional es una herramienta poderosa. En abril de 2026, ante la inminente realización del Mundial de Futbol en México, organizaron una Cascarita Para No Olvidar en la Glorieta de las y los Desaparecidos, con un mensaje que dio la vuelta al mundo: México no puede fungir como sede deportiva mientras siga siendo una fosa clandestina.
El contexto que enfrentan es desolador: en la CDMX hay al menos cuatro mil 966 personas desaparecidas, con un aumento progresivo que pasó de 284 casos en 2021 a mil 287 en 2024. Las alcaldías más golpeadas son:
- Iztapalapa (867)
- Gustavo A. Madero (709)
- Cuauhtémoc (639)
Frente a estas cifras, el colectivo ha denunciado el rezago forense del Incifo, los cuerpos enviados a fosas comunes sin identificar y el abandono institucional que ha llevado a que muchas compañeras lleven más de cinco o seis años sin una sola búsqueda en campo. Por eso su consigna es clara: no se irán, no se cansarán y, sobre todo, no regalarán la tranquilidad de su silencio.

Métodos de búsqueda en la CDMX
La Ciudad de México implementa desde abril de 2025 una Estrategia Integral de Búsqueda 2025-2030, reconocida por la ONU-DH como innovadora y robusta. Esta estrategia estructura la búsqueda en cinco modalidades:
- inmediata: 24/7 ante cada reporte,
- individualizada: análisis del contexto personal,
- por patrones: agrupación de casos similares en zonas críticas como el Ajusco, Sierra de Guadalupe o la laguna de Tláhuac,
- generalizada: revisión de bases de datos, hospitales y penales y
- búsqueda de familia: localización de familiares de fallecidos no identificados, apoyada con foto boletines elaborados con inteligencia artificial.
La coordinación recae en la Fiscalía General de Justicia y la Comisión de Búsqueda local, encabezada desde julio de 2025 por Luis Gómez Negrete, cuyo perfil fue postulado y respaldado por los colectivos Una Luz en el Camino, Hasta Encontrarles CDMX y Mariposas Buscando Corazones y Justicia.
En la práctica, esta estrategia se traduce en jornadas periódicas de búsqueda por patrones que movilizan a más de un centenar de servidores públicos (incluyendo SEMAR, SEDENA, Guardia Nacional, bomberos y protección civil) junto con decenas de familias buscadoras y voluntarios.
Madres buscadoras han recorrido miles de metros cuadrados
Solo en lo que va de 2026, se han recorrido decenas de miles de metros cuadrados en zonas como el predio Ecoguardas en Tlalpan (21,804 m²) y el Camino de las Cruces (5,678 m², con 142 pozos de sondeo). Los canales de reporte funcionan 24 horas a través de Locatel (*0311), la propia Comisión de Búsqueda (55 6357 8079) y la Fiscalía Especializada, mientras que los foto boletines de personas fallecidas no identificadas se publican en la nube virtual de la Agencia Digital de Innovación Pública.

Sin embargo, persiste una tensión fundamental entre el reconocimiento de estos avances locales y la postura del gobierno federal. En abril de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum calificó como tendencioso un informe del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU que critica la situación en México, negando que haya casos de desaparición forzada durante su administración.
Los colectivos de buscadoras han respondido que no es al Comité a quien atacan: es a las madres, a la verdad y a la posibilidad de un futuro con justicia, advirtiendo que negar la crisis no la resuelve. Para tu reportaje, esta tensión entre la estrategia local (valorada por ONU-DH y por los propios colectivos que participaron en su diseño) y la negación federal se convierte en un eje narrativo central. ¿Puede una política de búsqueda avanzar cuando el discurso desde el máximo nivel político minimiza la existencia misma del problema?
Lee también:
Madres buscadoras rastrean canal de Cartagena en Ecatepec; retiran 22 toneladas de desechos






