El pan de muerto es uno de los alimentos más representativos de las celebraciones de noviembre, pero en los últimos años también ha ganado espacio una oferta de versiones rellenas, con chocolates, frutas y otros ingredientes que lo acercan al segmento gourmet. ¿Por qué algunas piezas cuestan mucho más que el pan tradicional?
La respuesta no depende de un solo factor. La materia prima, el trabajo artesanal, el tiempo de elaboración y los ingredientes adicionales pueden modificar el precio, explica Roberto González Coloa, maestro panadero de El Baguette.
En su opinión, la popularidad que ha adquirido este producto también ha influido en su comercialización. Sin embargo, señala que el consumidor no solo paga por el pan, sino por aspectos como la calidad, la frescura, la disponibilidad y la atención que ofrece cada establecimiento.
Elaboración artesanal y rellenos especiales
González Coloa identifica tres elementos que inciden en el costo: la materia prima, el proceso artesanal y los rellenos.
A diferencia de otros productos de panificación, explica, el pan de muerto requiere una fermentación lenta y un formado manual. Incluso la elaboración de los «huesitos» que decoran la parte superior demanda tiempo y cuidado, por lo que no es un proceso que pueda acelerarse sin modificar la forma de trabajo.
También a esto se suman las versiones rellenas, que incorporan ingredientes adicionales y elevan el costo de producción. En El Baguette, por ejemplo, ofrecen alternativas de chocolate Turin y Ferrero, además de mazapán, durazno, cereza y Bubulubu.
Esta diversificación permite encontrar panes que van más allá de la receta tradicional, con combinaciones y presentaciones especiales. Por ello, al comparar precios es importante distinguir entre una pieza sencilla y otra que incluye rellenos o ingredientes de mayor costo.
El panadero también considera que la disponibilidad durante un horario amplio, la atención personalizada y la posibilidad de encontrar el producto recién hecho forman parte del servicio que recibe el cliente.
Los precios de referencia muestran que hay diferencias importantes entre establecimientos y presentaciones. En un levantamiento realizado del 19 al 22 de octubre de 2026, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) reportó un precio promedio de 20 pesos para el pan de muerto individual con azúcar, de entre 80 y 100 gramos. En supermercados encontró precios de 14.30 a 25.43 pesos; en panaderías tradicionales, desde 19.04 pesos, y en cadenas, desde 24.17 pesos.
Para la presentación familiar, de 800 gramos a un kilogramo, el promedio fue de 123.90 pesos. Los precios registrados oscilaron entre 108 y 211.33 pesos en supermercados, mientras que en panaderías tradicionales se ubicaron en 120 pesos y en cadenas en 165 pesos.
No existe un solo pan de muerto: las variedades regionales
Aunque la pieza redonda cubierta de azúcar y decorada con canillas es una de las más conocidas en el centro del país, la tradición panadera mexicana incluye distintas formas, ingredientes y nombres, de acuerdo con las costumbres de cada comunidad.
La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural señala que la receta tradicional suele prepararse con harina de trigo, azúcar, mantequilla, huevo, levadura, agua de azahar, anís y ralladura de naranja. La forma circular y las tiras de masa que la decoran se relacionan con representaciones del cráneo y los huesos, mientras que el aroma de azahar evoca el recuerdo de los difuntos.
Sin embargo, las variedades regionales muestran que la tradición no se limita a una sola receta.
En Mixquic, Ciudad de México, se preparan las llamadas despeinadas, rosquillas de azúcar colorada, además de panes con azúcar, ajonjolí y granillo. En algunas localidades del Estado de México se elaboran las muertes, piezas con forma humana hechas con masa de yema de huevo.
Mientras que Guerrero se encuentran panes conocidos como almas, burros con azúcar rosa, conejos y patas de mula. En Acámbaro, Guanajuato, se elaboran figuras de conejos, mulas, borregos y panes con forma humana.
Hidalgo conserva una amplia variedad, entre ellas las moriscas, preparadas con harina, canela, huevo y pulque; los bodoques y las roscas de la vida. En Michoacán destaca el pan de ofrenda, que puede adoptar formas de vírgenes, animales, campesinos, flores y calaveras.
En Oaxaca se elaboran las regañadas, panes de pasta hojaldrada que representan ánimas de personas o animales, además del pan de yema, con o sin ajonjolí, y otras figuras destinadas a las ofrendas.
Diversidad que refleja cosmovisión
La diversidad también tiene una explicación cultural. Una investigación difundida por Ciencia UNAM, con aportaciones de la antropóloga Erika María Méndez Martínez, señala que las formas y decoraciones de estos panes reflejan la cosmovisión y las tradiciones de los pueblos que los elaboran.
Así, el pan de muerto reúne dos expresiones que conviven durante la temporada: una tradición regional que se transmite entre generaciones y una oferta comercial que incorpora nuevos sabores y presentaciones. Al elegirlo, el precio dependerá tanto del tipo de pan como de sus ingredientes y del proceso necesario para elaborarlo.




