Solo bastó su voz sobre el escenario para que el cantante español Raphael hipnotizara a su público mexicano durante su concierto en el Auditorio Nacional este miércoles 15 de abril, como parte de su gira “Raphaelísimo” 2026. El intérprete demostró que su energía y talento permanecen vigentes, presentándose ante un recinto que desde el primer minuto le manifestó cariño y admiración.
Con la elegancia que lo caracteriza, ataviado con camisa, pantalón y un saco negro con detalles de pedrería, el artista de 82 años de edad dio un paso sobre el escenario y provocó la reacción inmediata de las casi 10 mil personas que abarrotaron el lugar. Acompañado por sus músicos, el originario de Linares prescindió de parafernalia visual, centrando la atención en su capacidad vocal para llenar el espacio.
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Noche de gala
La velada comenzó con “La noche”, seguida de “Yo sigo siendo aquel” y “Cierro mis ojos”. Desde estos primeros temas, la audiencia observó a un artista que, a pesar de haber sufrido un accidente cerebrovascular y un episodio de parálisis hace casi dos años, se mantuvo de pie durante todo el show.
Aunque sus movimientos característicos ahora son más pausados y lentos debido a su avanzada edad, el profesionalismo del español destacó en cada ejecución. Continuó con “Digan lo que digan” y el clásico “Mi gran noche”, momento en el que el Auditorio Nacional se transformó en una sola voz.
Tras interpretar “Amo”, el público le brindó un aplauso prolongado mientras coreaba su nombre al unísono, gesto que el cantante agradeció con las palmas juntas, inclinándose hacia los asistentes con una sonrisa constante.
Para la segunda parte del bloque, interpretó “Si no estuvieras tú” y “Tema de amor”. Sobre el escenario se dispuso una silla que sirvió tanto de apoyo físico en momentos de fatiga como de elemento escenográfico para interpretar piezas con mayor carga dramática como “Los hombres lloran también” y “Somos”.
Raphael sorprendió al integrar temas franceses a su setlist, pero traducidos al español, ejecutando con precisión “Padam, padam”, “La vie en rose” e “Hymne a l’amour”.
Su voz se percibió intacta en la mayor parte del registro, y aunque en ciertas tonalidades altas el esfuerzo fue más evidente, la técnica del cantante permitió que estos detalles fueran casi imperceptibles para los asistentes, quienes lo ovacionaron de pie en cada oportunidad.
Un vínculo más allá de las palabras
Durante casi todo el espectáculo, Raphael se comunicó a través de gestos y acciones. Fue solo en un momento específico de la noche cuando el artista se dirigió verbalmente a su audiencia para expresar: “Es un verdadero placer estar de vuelta en esta maravillosa ciudad como es México”. Esta cita textual marcó el único diálogo directo, pues el resto de la conexión se dio mediante la interpretación de “Malena”, “Estuve enamorado”, “Amor mío” y “Cuando tú no estás”.
El último tramo del concierto elevó la intensidad emocional con “Que nadie sepa mi sufrir” y su versión de “Llorona”. Posteriormente, el público acompañó los temas “Estar enamorado”, “Ámame” y “En carne viva”. La madurez del intérprete se hizo presente en la entrega de “Se nos rompió el amor” y “Qué sabe nadie”.
El final se acercaba y el público quería más de él, así que no dejó el escenario sin antes interpretar sus éxitos más emblemáticos “Yo soy aquel” y la fiesta llegó con “Escándalo”. Pero el cierre definitivo lo hizo con “Como yo te amo”, la cual solo interpretó una parte, pero eso bastó para dejar al Auditorio Nacional en una ovación que se prolongó por varios minutos después de que las luces se apagaran.
Raphael se despidió de México demostrando que el escenario es su hábitat natural y que su voluntad artística supera cualquier adversidad física.






