El proceso judicial vuelve a poner el foco en la prevención
La audiencia intermedia de Lex Ashton, acusado del homicidio de un estudiante del CCH Sur, fue aplazada hasta el 22 de octubre después de que el imputado fuera trasladado de emergencia a un hospital.
El abogado David Retes señaló que la madre de Ashton le informó sobre el traslado, pero que la defensa no recibió el parte médico correspondiente. La Fiscalía capitalina confirmó que el Centro de Reinserción Social Oriente, donde permanece el imputado, no lo presentó para la diligencia.
El aplazamiento ocurre mientras el caso mantiene abiertas otras discusiones: la presencia de comunidades incel en el entorno digital, las respuestas institucionales frente a la violencia y los pendientes en materia de salud mental, masculinidades y prevención.

Caso Ashton: el ataque que conmocionó al CCH Sur
El 22 de septiembre de 2025, Ashton, entonces de 19 años, ingresó al plantel y atacó con un arma blanca a Jesús Israel, estudiante de 16 años, quien murió. También hirió a un trabajador de mantenimiento que intervino durante la agresión.
Después del ataque, Ashton se arrojó desde uno de los edificios del plantel y resultó herido. Posteriormente fue trasladado a un hospital y, tras recibir el alta, quedó detenido el 10 de octubre de 2025.
El proceso penal permanece en etapa intermedia, después de que Ashton fue vinculado a proceso por los presuntos delitos de homicidio calificado y homicidio en grado de tentativa.
Tras el ataque, la comunidad estudiantil suspendió las actividades presenciales y exigió medidas de seguridad. La UNAM reforzó los controles de acceso del CCH Sur con torniquetes digitales, detectores de metales, cámaras de videovigilancia y otros mecanismos.
La huella digital de la manosfera
Antes del ataque, Ashton publicó mensajes y fotografías relacionadas con su plan en espacios digitales vinculados con comunidades incel, término utilizado para referirse a hombres que se identifican como célibes involuntarios.
Los espacios incel forman parte de la llamada manosfera, un universo heterogéneo de comunidades digitales en las que confluyen distintas posiciones sobre masculinidad, relaciones entre hombres y mujeres y rechazo al feminismo.
La UNAM ha estudiado el fenómeno y documentado la circulación de discursos misóginos en estos espacios. También ha señalado que algunos sectores de la manosfera promueven discursos de odio y, en casos extremos, justifican distintas formas de violencia.
La llamada “píldora roja”, una referencia tomada de Matrix, aparece en algunos de estos espacios como una metáfora de un supuesto despertar frente a una realidad que sus integrantes consideran oculta. En determinados sectores, esa narrativa se relaciona con la idea de que los hombres son víctimas de un sistema que favorece a las mujeres.
Investigaciones sobre plataformas digitales también han estudiado cómo los sistemas de recomendación pueden conducir a algunos usuarios hacia contenidos cada vez más extremos, incluidos materiales asociados con la manosfera.
La interacción con comunidades incel permite reconstruir parte del contexto digital del caso, pero por sí sola no demuestra una relación causal entre participar en esos espacios y cometer actos violentos.

Feminismo, masculinidades y respuestas institucionales
Las organizaciones feministas han colocado la violencia de género en el centro de la discusión pública y han impulsado mecanismos institucionales para atenderla.
En la UNAM, las colectivas feministas han exigido respuestas frente a la violencia dentro de la comunidad universitaria. A partir de esa preocupación, han impulsado mecanismos de atención y prevención.
Después del ataque en el CCH Sur, estudiantes y colectivas demandaron también mayores medidas de seguridad y atención psicoemocional.
El caso abrió así una pregunta para las instituciones educativas: cómo intervenir frente a discursos de misoginia, aislamiento y violencia que circulan en espacios digitales antes de que puedan trasladarse al ámbito físico.
La entonces secretaria de Salud Pública, Nadine Gasman Zylbermann, sostuvo que como sociedad se había fallado tanto a Lex como a Israel y planteó fortalecer la atención a la salud mental de los jóvenes. También señaló factores como la ansiedad, la violencia entre pares, el aislamiento posterior a la pandemia y la presión de las redes sociales.
Gasman planteó además trabajar sobre las masculinidades y fortalecer la contención emocional dentro de los planteles.
Caso Ashton: La defensa cuestiona el proceso judicial
Mientras el debate social continúa, el proceso penal enfrenta sus propias controversias.
El abogado David Retes, quien encabeza la defensa pro bono, sostiene que se vulneraron derechos fundamentales de Ashton. Entre sus señalamientos están la exhibición mediática del imputado, la presunción de inocencia y las condiciones en las que se ha desarrollado el proceso.
La defensa también ha planteado acudir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos para denunciar presuntos tratos crueles e inhumanos.
Ashton permanece en el Reclusorio Oriente desde octubre de 2025. Enfrenta acusaciones por los presuntos delitos de homicidio calificado y homicidio en grado de tentativa.
La etapa intermedia es la fase en la que el Ministerio Público y la defensa presentan y revisan los medios de prueba que pretenden llevar al eventual juicio oral. El juez de control determina cuáles pueden ser admitidos para esa etapa.
La nueva audiencia quedó programada para el 22 de octubre.
Los pendientes: salud mental, masculinidades y prevención
El caso Ashton ha colocado en una misma conversación problemas que suelen abordarse por separado: salud mental, violencia, cultura digital y construcción de masculinidades.
La discusión no puede reducirse a una sola explicación. Los antecedentes digitales forman parte del contexto del caso, pero no sustituyen la investigación sobre las circunstancias concretas que llevaron al ataque.
La prevención requiere algo más que vigilancia. Implica educación, acompañamiento psicoemocional, intervención temprana y trabajo con las masculinidades, además de la participación de familias, escuelas, medios y autoridades.
El feminismo ha contribuido a nombrar y visibilizar distintas formas de violencia. Al mismo tiempo, resulta necesario encontrar herramientas para trabajar con los hombres y ofrecer referentes distintos a los discursos de resentimiento, superioridad o victimización que circulan en determinados espacios digitales.
El desafío de la prevención es intervenir antes de que los discursos de misoginia, resentimiento o victimización trasciendan el ámbito digital. Para ello, la discusión sobre masculinidades, salud mental, educación y cultura digital tendrá que formar parte de una misma conversación.
Lee también:
Jóvenes, violencia y cultura digital: el espejo oscuro de los “incels”








