
La jornada de elecciones de directores de preparatorias, escuelas y facultades del pasado 30 de abril en la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) no fue “ordenada, transparente y conforme a los principios normativos de la vida universitaria” (https://cutt.ly/qtC8gUZr), como pretendió hacer creer Dania Lizzette Félix Herrera, presidenta de la Comisión de Elecciones y Consultas.
Por el contrario, lo que la comunidad universitaria presenció fue la consolidación de un mecanismo de control político que oscila entre la farsa electoral y la violencia institucional y gansteril. Esto ocurrió tras la recuperación del derecho al voto universal en la UAS con la reforma a la Ley Orgánica del 2 de octubre de 2024, luego de una lucha de casi dos décadas que la disidencia democrática de dicha universidad impulsó contra el cacicazgo del mafioso Héctor Melesio Cuén Ojeda, asesinado el 25 de julio de ese año en lo que parece ser una operación clandestina del aparato de inteligencia del imperialismo estadounidense (https://cutt.ly/otC8kHAC).
El historial de fraudes en las unidades regionales
En el proceso electoral en cuestión, hubo protestas contra fraudes en tres unidades regionales: la norte, en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de Los Mochis (https://cutt.ly/YtC8zNKw); la centro-norte, en la Preparatoria Guamúchil (https://cutt.ly/YtC8xNTl); y la sur, en la Preparatoria Rubén Jaramillo (https://cutt.ly/PtC8cvBx).
Este fraude en las elecciones para las direcciones de las diversas unidades académicas no es una anomalía. De hecho, esta sería la cuarta jornada electoral o de consulta fraudulenta tras la mencionada reforma a la Ley Orgánica.
La primera aconteció el 9 de abril de 2025 en la elección para rector, donde resultó reelecto Jesús Madueña Molina —nuevo cacique de la UAS tras el asesinato de Cuén— en un proceso marcado por el ejercicio de violencia machista, clientelismo y corrupción (https://cutt.ly/itC8m4u9).
La segunda se dio con la consulta para la aprobación de la llamada “reingeniería institucional” del 10 de octubre, un proceso donde los profesores denunciaron “presiones” y “hostigamiento”, a pesar de que las autoridades dijeron que la jornada transcurrió “en calma” (https://cutt.ly/VtC8HeA1).
Por su parte, la tercera ocurrió el 29 de octubre en las elecciones de consejeros técnicos y universitarios, donde hubo importantes acciones colectivas estudiantiles que se extendieron hasta diciembre, conformando un ciclo de luchas democráticas en educación media y superior que algunos colegas investigadores llamaron “el otoño caliente” (https://cutt.ly/CtC8Egtq).
El cacicazgo universitario como instrumento de clase
Empero, el asunto no se limita simplemente a la democracia universitaria. Los fraudes en las elecciones de la UAS son el síntoma de una estructura profundamente antidemocrática y reaccionaria que necesita el control total del aparato administrativo para servir de plataforma a intereses que trascienden incluso las fronteras del estado y del país.
Los cacicazgos universitarios, como hemos planteado en otro espacio (https://cutt.ly/TtC8Yugw), son estructuras locales que se configuran alrededor de la figura de un actor político: el cacique universitario. Este puede ser definido como quien, dentro de un sistema de relaciones clientelares en una universidad, monopoliza la intermediación política y el control en la asignación de posiciones y recursos estratégicos, moviéndose entre lo formal y lo informal, entre lo legal y lo fáctico, y entre lo institucional y lo parainstitucional. Dicho control abarca plazas académicas y administrativas, puestos directivos, rectores, consejeros, distribución interna de montos presupuestales, estímulos al desempeño, becas, asignación de matrícula estudiantil (especialmente en el caso de las facultades con alta demanda), reconocimientos académicos, contratos con proveedores y licitaciones, entre otros. Asimismo, dicta lo que puede o no ser dicho y elaborado desde las instituciones educativas.
Estas estructuras tienen un contenido de clase: a pesar de su cualidad eminentemente local, sirven a los intereses de la burguesía nacional y de los imperialismos que asientan sus megaproyectos en la entidad y buscan hacer avanzar los intereses de sus capitales financieros.
La alianza entre la universidad, los megaproyectos y el capital financiero
Así, podemos ver que el uso de padrones amañados, la intimidación directa contra planillas disidentes y la manipulación de los procesos de votación —donde la opacidad es la norma— responden a una necesidad imperante: mantener la universidad como productora y reproductora de ideología y conocimiento en la lógica del capital y el sometimiento imperialista.
Esto se logra vinculándose a megaproyectos ecocidas como Gas y Petroquímica de Occidente (productora de amoníaco de la transnacional Proman, del imperialismo alemán y suizo) y Mexinol (del imperialismo yanqui, que busca fabricar metanol), los cuales hoy amenazan la biodiversidad del sistema lagunar Santa María-Topolobampo-Ohuira, así como a las comunidades indígenas y poblaciones del norte de Sinaloa. Además, esta lógica se manifiesta al entregar las pensiones de los trabajadores y docentes jubilados de la UAS a BBVA Bancomer (https://cutt.ly/mtC8KvFN), dentro de un sistema pensionario de cuentas individualizadas mediante la imposición de la referida “reingeniería” (para ver algunos de los detalles de dicho modelo neoliberal de cercenamiento a derechos laborales y humanos en esta universidad, consúltese https://cutt.ly/VtC8KJ7i).
No es coincidencia que, mientras se niega la democracia universitaria, la rectoría estreche lazos con esos megaproyectos. Mexinol fue de las primeras empresas en felicitar a Madueña tras su victoria electoral fraudulenta (https://cutt.ly/ftVy9L7B). En el segundo periodo de la rectoría madueñista, empresas y organizaciones sionistas como Netafim y Conacce Chaplains International han hecho públicos sus vínculos con el cacicazgo (https://cutt.ly/stVuq1VA). Por parte de Gas y Petroquímica de Occidente, el pasado marzo se anunció que habrá un fortalecimiento de la colaboración con la universidad (https://cutt.ly/htVosFCR). Detrás de dicha empresa, el fantasma del sionismo aparece a través del conglomerado multinacional Thyssenkrupp, que en Topolobampo se encarga de la construcción de la planta de amoníaco de Proman (https://cutt.ly/ZtVolGx3) y que, a su vez, forma parte del complejo industrial-militar germano, proveyendo de buques de guerra y submarinos al Estado sionista genocida de Israel (https://cutt.ly/UtVozGOu).
Resistencia social frente a la reingeniería del despojo
La “reingeniería” que tanto pregona la rectoría es, también, una reingeniería del despojo. Por un lado, se cercenan derechos laborales y humanos con descuentos ilegales a salarios y pensiones, así como aumentos a cuotas y colegiaturas, imponiendo direcciones mediante el fraude, la violencia gansteril e incluso el espionaje digital (https://cutt.ly/NtVoReaY). Por otro lado, se pone la infraestructura y el quehacer académico al servicio de multinacionales que ven en nuestro territorio un escenario de acumulación primitiva de capital.
Los fraudes del 30 de abril son la garantía que el cacicazgo ofrece a los capitales transnacionales de una universidad silenciada, sin pensamiento crítico y con una estructura de mando vertical que busca sofocar cualquier resistencia interna que pueda solidarizarse con movimientos socioambientales. Un ejemplo de esto es el colectivo de defensores del territorio “¡Aquí No!” —en cuyo activismo participan miembros de las comunidades indígenas yoreme-mayo—, que el pasado 23 de abril impidió loablemente que se pusiera la primera piedra del megaproyecto de Mexinol. Este fue un evento donde estuvo el gobernador Rubén Rocha Moya y donde también estaría el exagente de la CIA, exboina verde y actual embajador yanqui en México, Ronald Johnson, quien no pudo estar presente gracias a la justa lucha del colectivo (https://cutt.ly/XtVomKic). Esta importante protesta enseña que la radicalización de las acciones colectivas es el camino que debe tomarse.
La resistencia que hoy se gesta desde trabajadores democráticos, jubilados en lucha y estudiantes conscientes debe unificar la demanda por la democratización de la UAS con la defensa del territorio. No habrá autonomía real al servicio de la clase trabajadora, los sectores populares y las comunidades indígenas mientras la universidad siga siendo el brazo legitimador del capital extractivo y un satélite de políticas neocoloniales. Por ello, la lucha por la democratización de la UAS debe ir en clave anticapitalista y antiimperialista; y debe ser, hoy más que nunca, también la lucha contra el despojo que se intenta imponer en nuestra tierra. Es necesario avanzar en la consolidación de una alianza entre la disidencia democrática de la UAS, que está dando la batalla contra la reingeniería, y los defensores del territorio en Sinaloa, exigiendo también la inmediata ruptura de relaciones de la Casa Rosalina con empresas y organizaciones genocidas sionistas.
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