
El escándalo de corrupción del expresidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, tiene más de 40 años, envuelve a políticos y empresarios venezolanos y dominicanos. La corrupción nunca está confinada a un país, son elaborados entramados multinacionales envolviendo a poderosos empresarios y políticos.
Lo de Rodríguez Zapatero quizás empezó en noviembre de 1976, en Madrid, cuando el presidente electo de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, se reunió con el candidato presidencial español Felipe González. Ambos eran estrellas de la Internacional Socialista (IS). Andrés Pérez conectó a González con el empresario venezolano Gustavo Cisneros, quien donó a la campaña socialista.
González ganó la presidencia en 1982, en 1984 le vendió los Almacenes Galerías Preciado al grupo Cisneros por 1.500 millones de pesetas. En 1987, los Cisneros revendieron por 30 mil millones; “solo” se ganaron 28.500 millones. Los españoles lo bautizaron como “el pelotazo”.
En 1982, Salvador Jorge Blanco, socialista, nacionalizó dominicano a Cisneros, Joaquín Balaguer revocó eso en 1986. Hugo Chávez ganó en Venezuela en 1999. Leonel Fernández le devolvió la nacionalidad dominicana a Cisneros, él murió en 2023 como vicepresidente de la Barrick Gold Dominicana.
Rodríguez Zapatero, el segundo presidente socialista español, viajó varias veces a Venezuela, vía República Dominicana, e intermediaba en la venta de petróleo venezolano.
Cuando Rodríguez Zapatero fue imputado, planeaba viajar a Santo Domingo y Venezuela. La justicia estadounidense incautó un avión venezolano Falcón en Santo Domingo, y le pasó información a fiscales españoles sobre Rodríguez Zapatero.
Esa investigación sigue en curso.
Los falcones viajaron frecuentemente entre España y Santo Domingo, durante los gobiernos de Pedro Sánchez, en España, y Luis Abinader, en República Dominicana. Sánchez desciende políticamente de González y Rodríguez Zapatero. Abinader, desciende de Jorge Blanco.
Abinader, comprometido con el presidente Donald Trump en la iniciativa antiglobalista Escudo de las Américas, cumplió con Sánchez y envió a su ministro de Justicia, Antoliano Peralta, a una reunión globalista en España. Eso desató la ira de la embajadora estadounidense en Santo Domingo, Leah Campos.
Respetemos toda presunción de inocencia, sin dejarnos sorprender; todo es posible en estos entramados multinacionales de la corrupción.
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