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Nina Galindo, voz urbana de dulce perfume nocturnal

Variaciones del enano feroz / por Roberto E. Ponce

Roberto E. Ponce Por Roberto E. Ponce
17 de mayo de 2026
En Cultura, Variaciones del Enano Feroz
Nina Galindo en 1985. Archivo de Roberto E. Ponce

Nina Galindo en 1985. Foto: Archivo de Roberto E. Ponce

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Roberto E. Ponce

El viernes 29 de mayo a las 18:59 horas, cuataches de la mejor cantante del rock nacional la festejarán en el concierto “Queremos tanto a Nina”, con Carlos Arellano, Fausto Arrellín, Nidia Barajas, Francisco Barrios El mastuerzo, Rafa Catana, Mauricio Díaz El hueso, Tere Estrada, Elena Garnes, Rudo Gómez, Julia González, Jorge García Montemayor, Zeida Kuicani, Rafael Mendoza, Nayeli Nesme, Pedro Sandoval y la propia Nina Galindo. Foro Alicia, calle Elogio Ancona 145, Santa María la Ribera.

Cartel de Queremos tanto a Nina
Cartel de Queremos tanto a Nina

“La voz de Nina es tan dulce que posee todas las fragancias de la noche.”

No lo dijo exactamente así, pero…

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Ciertamente la mia mamma reconoció una calidez de dulzura nocturna al descubrir los cánticos de aquella pequeña pecosa de apenas 14 años, cuyos cabellos cascada miel recordaban los de la Bruja Kósmica Janis Joplin.

Ocurrió cuando mi madre, Martha Leticia, oyó por primera vez a Nina Galindo durante aquella serenata del jueves 10 de mayo de 1973 que le llevamos a Casa Ponce de la Avante Coyoacán: “A través de las palmas”, “Página blanca” o “Tres regalos” con mi guitarra, bajo un rayito de luna. “Géminis Dos” me puso Nina, quien a su vez era “Géminis Uno” pues yo nací el 2 de junio de 1955 y ella el 1 del mismo mes en 1958. Con sus expresiones imaginativas, la chispeante y cáustica Nina bautizaría nuestro dueto como “Callo y Colmillo” al reunirnos en el Museo del Chopo por 1984 e integrarse al Movimiento del Rock Rupestre: Yo Callo, debido a los pellejos que salen en las yemas por tocar la lira de palo, y Colmillo ella por su experiencia y profesionalismo de intérprete fogueada en los Teen Tops de los setenta.

[Callo y Colmillo en vivo: https://youtu.be/Yb_Gn5McdpA]

Nuestra vida en el Distrito Federal durante las épocas rupestres era una fiesta permanente. Bailábamos el “Tiburón” de Mike Laure con ella tronando los dedos, gozamos los giros roncos de Ana Gabriel e imitábamos a Claudio Brook anunciando los modelos Chrysler. Me fascinaban sus bromas (“¿Otra vez por Nu York?”). Rodeada de séquitos fieles y algunos colibríes, nuestra presencia en el Bar León sacudía. Todo mundo amaba estar cerca de Nina.

Única mujer del Movimiento Rupestre. Acuarela de Roberto Hernández 
Única mujer del Movimiento Rupestre. Acuarela de Roberto Hernández

La génesis      

Desde 1972, a dos del adiós de la Janis, yo acababa de entrar a la Prepa #6 “Antonio Caso” de Corina, donde en el salón 410 conocí a mi compañera cantora que nos presentó a Nina para formar el quinteto de rock Mezclilla: la mex-panameña Clara Turner (ver “¡Salvemos al Teatro!”, clamor literario de Clara Stella Turner)

Agustín Salmón, jefe de la sección Espectáculos en Excélsior me dio dos entradas para el regreso de Joan Manuel Serrat el jueves 25 de enero de 1973 al Palacio de las Bellas Artes e invité a Clara. Nos llevó en su carcachita nuestro gentil e inolvidable colega Honorio Lolo; durante el intermedio nos saludó su compañera del Centro Educativo Benito Juárez de la calle de Jalapa, colonia Roma: la rubia ojiverde Adriana Esteva nos habló de que en casa de su papá, en avenida Patriotismo, le habían dado asilo a Nina porque “huyó de su hogar materno”, que era “hermosa, talentosa y cantaba el rock como angelita”.

Mezclilla 1973. Raúl, Clara, Beto & Nina, Felipe. Excélsior  
Mezclilla 1973. Raúl, Clara, Felipe, Beto y Nina. Foto tomada del Excélsior / archivo Roberto E. Ponce

Clara y yo la convidamos para formar Mezclilla, participando en el 1er Concurso de Rock del Instituto Don Bosco 1973. Al subir al escenario para la recta final, las dos mostraban sus piernas bajo los tan de moda Hot-Pants, desatando en la chaviza un montón de chiflidos Fiu Fiuuu y piropos. Dije:

–Si les gustaron las chavas, espero les lata nuestra música.

¡Y vaya que prendió nuestra onda! Cuando el profesor Carmona entregó el cheque en efectivo, comenzó el desmadre entre el respetable y debimos recortar mi última rola “She’s Coming Home”. Aquellos cuatro mil pesos de nuestro triunfo se los esfumaron los demás: nuestro baterista Raúl Carrasco, el guitarrero Rafael González Kazt y Felipe Loira en el bajo, ¡40 millones de pesos al cambio actual! En palabras de Nina Galindo: nos caimanearon.

Intermezzo

Literalmente cayó del cielo el papelito firmado por Nina solicitando ayuda.

Clara, Kazt y yo enfilamos prestos para “rescatarla del secuestro”; pero apenas alcanzamos a vislumbrar su rostro tras una ventanita desde la calle, bordando y tejiendo con otras chicas bajo la mirada de oscuras monjas en ese internado tipo La Divina Infantita, corrieron las cortinas y nos las escondieron.

Supimos que Nina solía rolar con una bandita del Metro Insurgentes. Su padre era un portorriqueño fantasma; su madre, la actriz de teatro universitario Martha Ofelia Galindo, había determinado internarla. Yo desde muy chavito conocía a su madre, pues ella personificaba a Cuqui La Ratita en el popular programa infantil de TV Teatro Fantástico de Cachirulo.

Septiembre de 1975: Nina me presentó al Tuti Martínez de Los Teen Tops en un antro de la Zona Rosa donde tocaba y en noviembre de 1976 entrevisté para Lunes de Excélsior al caifán Óscar Chávez, toda vez que Martha Ofelia y su escoba Mario Ardila armaron su cabaret en el Café Colón.

[Rola de Beto Ponce en primer disco https://youtu.be/ab4AW6v5N4M]

Las vueltas del cruzado

Cuando salió en Pentagrama Brindis por un difunto, el primer disco LP de Nina producido por Federico Luna a finales de 1991, el musicólogo tabasqueño Ernesto Márquez Mamboleto escribió en el semanario Proceso:

“Voz soleada con dignidad interpretativa que incorpora la música negra a su arte sin necesidad de imitar servilmente a las grandes cantantes de esa raza, sencillamente ella trae el blues en la garganta… Su fraseo es imprevisible, quiebra las palabras donde le exige su sensualidad y las modula donde lo pide su sexualidad; esgrimiendo el drama o la parodia como arma para calar hondo. Y eso marca la diferencia porque nos acerca con ello a las claves de la vida.”  

Mi hermano Armando Ponce, coordinador de Cultura en la revista Proceso, redactó lo siguiente para la contraportada del álbum de Nina con Y Sigue la Mata Dando (dieron a conocer mis piezas “Brindis por un difunto”, “Mírame desaparecer”, “Te regalo mi sombra” y “Gancho al hígado”, más “Llévate lejos tu blues”, que la co-escribimos a su novio pied noir Emilio):

“Para hablar de Nina Galindo (premio Phomos 1990-1991 a la Mejor Voz Femenina de Rock), hay que hacerlo como ella dice y hace las cosas, sencilla y directamente: su voz no es de este mundo. Diáfana dicción, timbre perfecto, modulación versátil, son atributos de la naturaleza. Pero Nina es eso y algo diferente también. Las rolas salen de sus labios a la realidad con la dimensión que ella ha elegido para su público, porque eligió al rock de a de veras… Prefirió el camino más arduo, y no por simple rebeldía, sino por cruda rebeldía y por ser ella misma. De ahí que en el rock mexicano actual nadie como Nina Galindo, sencilla y directa porque su estilo de cantar sí es de este mundo.”  

Yo llevaba cinco años casado bajo la ceiba de Atasta en Villahermosa, Tabasco, a donde llegué para vivir con mi esposa Marina Wade García. Si bien veía a Nina esporádicamente, el maravilloso tiempo compartido desde 1984 con su rapport al Movimiento del Rock Rupestre y nuestro dúo Callo y Colmillo, ya no se repitió. No con igual creatividad desbordante, luego de su despegue solista en 1992, refrendando ella su consagración monarca de rocker.

Inspirado por Nina, a los ensayos diarios del departamento de Paseos de Tasqueña yo le escribía una nueva canción mía que sometía al escrutinio y la estética. Aparte de un gato, habitaban allí Gabriela Esteva (hermana de Adriana, ¿recuerdan?) y una pícara chiquilla, Angelines, protegida de “nana Nina”. De sus mejores amigas, la compositora Alejandra Ciangherotti y mi hermanita Leticia Ponce, La nena. Obvio que la guapa Colmillo se hallaba feliz con los rupestres y en mayor libertad en comparación con los Teen Tops, desgranando de mi rola “Jardín Mental”: la mujer por su derecho a abortar.      

O en “El tren de Guanatos” el coro pegajoso: Mi pareja comenta que hay un nuevo aumento al salario de la explotación… La arenga de “Diluvio Nacional”: Sigue la protesta, no pierdas los muros… “Te regalo mi sombra”: ¡Ya quisieras de mi anís!; “Machín de carne y hueso”: no sabía que pugilato, lucha libre y malos tratos te gustaban más que yo… Y en “Lene’s Song”, de plano: Lene, te amo y no. Bandera madura de la liberación femenina.

Madrigal de junio

Connie Limón, bella alma del fino barbón Rubén Cardoso de Proceso, fue nuestra excelente sensai de canto en su estudio por el Parque Hundido.

Callo y Colmillo conectaba en vivo por la entrega de Nina Galindo, ya excitando el Foro del Dinosaurio en el Museo Universitario del Chopo, ora en la Facultad de Ciencias de la UNAM, la Librería El Ágora, el Teatro Ángela Peralta, las plazas delegacionales o Rockotitlán. Recuerdo el Teatro El Galeón de Chapultepec de agosto de 1986, una gala cuando nos felicitó en el camerín el jefe de sombrero solar León Chávez Teixeiro, para nuestra máxima sorpresa.

Nina en el estreno del documental Rupestres 2014. Cineteca Nacional
Nina en el estreno del documental Rupestres 2014. Cineteca Nacional

Sacerdotisa suprema del rock

Tras el sismo de 1985 y como su dépar del edificio de Paseos de Tasqueña casi se cayó, mi hermana amparó a Nina con nosotros en su casa marital de colonia Educación, Coyoacán. El cineasta Sergio García nos filmó allí mero en Súper 8 para su película Un tokke de roc. Nina dormía en un cuartito de la otrora doméstica de los padres de Rodrigo de Oyarzábal y éste no dejaba de aplicarle bullying mamón como si fuera “una chacha”:

–¡A ver a quióras alimentas a mis hijos dogos y haces la limpieza!

Salimos en el programa Televisa de Ricardo Rocha Para gente grande; por un par de mis canciones se nos pagó 10 mil devaluados pesos a cada uno (hoy una bicoca). Justo al año, el histrión buena onda Iván el señor Guzmán (quien la llamaba “Ninoshka”), bróder del infrarrealista Mario Raúl, nos convocó al Auditorio Nacional el sábado 20 de septiembre resonando mi rola “Estas son mis manos” y “Tiempo de híbridos” de Rockdrigo, en homenaje a los desamparados del terremoto “In memoriam 19 de septiembre”, entre otros con: Betsy Pecanins, Héctor Bonilla, Briseño y El Séptimo Aire, Julieta Egurrola, la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, Elena Poniatowska, Roberto González, Marco Antonio Cruz y Ofelia Medina (“¡África negra!”, su grito de batalla, lo adoptó Nina para nuestro saludo).

Aquel noviembre de 1986, Alejandro Ordorica Saavedra y Eduardo Cruz Vázquez, pioneros de la descentralización cultural al frente del Programa Cultural de las Fronteras, nos consiguieron una gira por el pantanoso Tabasco, culminando en el teatro Esperanza Iris de Villahermosa. El viernes 21 de julio ella me festejó mis 34 años en Puerto Vallarta, Jalisco, con su comadre artista y escritora lésbica Vicky Macedo. Criada en la morada de sus papás en Juárez 182, Vicky alzó el primer bar gay de Puerto Vallarta: Los Balcones. Los tres rolamos en su auto por playas de Nayarit y los campos tequileros, entonando al unísono las Canciones de mi padre vía su ídola, la tucita Linda Ronstadt.

Mayo de 1990: Volamos con Santa Sabina y mi hermano Ricardo Alberto al Festival de la Raza, alborotando la plaza central Nuevo Laredo, Tamaulipas, con Rigo Tovar y Jaime López. El jovial doctor Gerardo Estrada, director del INBA, y el poeta moreliano Saúl Juárez (cantata Piedras del viento) se encargaron de promover conmigo el Primer Homenaje a Rockdrigo a los siete años de su muerte, en el puerto natal del Profeta del Nopal: pero la burocracia de Tampico recibió indiferente a Nina y conjunto, Fausto con Quál y Roberto González; a la actriz Alejandra Montalvo, de Teatro La Rendija, el escritor José Agustín y yo.    

[Ver video del encuentro en https://youtu.be/_iN6mIJKViQ]

Tardaríamos 14 años Callo y Colmillo en echar otro palomazo. Fue en el Festival Rupestre al aire libre organizado por mi ahijado Felipe Cabello Zúñiga de San Juan del Río, Querétaro. Una noche de junio de 2016 brillaron las estrellas Roberto y Julia González, Eblén Macari, Carlos Arellano, Armando Rosas y nuestro hilo conductor: Clara Turner. Fausto Arrellín subió al estrado fumando un cigarrillo para con el guitarrista César Piña, entrarle los cuatro al “Brindis por un difunto”. Como acostumbraba yo usar capotrasto, adaptando la afinación del instrumento a la tesitura contralto de Nina, ella me cotorreó:

–¿Quieres el capo o prefieres al Chapo Guzmán?

Nació en Los Ángeles, pero su humor picante mata la parquedad gringa y sus carcajadas son típicamente mexicanas. Ya pronto cumple 68 añejos. Es curioso que entre los cassettes de mi archivo 1973 haya sobrevivido uno con mi canción “California”, donde hace coros. Pese a lo amateur de la cinta, el dulce perfume nocturnal de Nina enamora a flor de piel. Ayer, hoy, siempre.

Etiquetas: Callo y colmilloNina GalindoPortada 1Roberto Poncerock Rupestre
Roberto E. Ponce

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