Por Yemeli Ortega
Astrónomos, aficionados y curiosos se desvelaron juntos la madrugada de este viernes en el Observatorio George, a las afuera de Houston, en Texas, para observar un espectáculo celeste: la Luna, que adquirió un profundo tono cobrizo mientras atravesaba la sombra de la Tierra, ofreciendo un eclipse lunar parcial irrepetible.
Sorteando el aire húmedo y caliente (unos 35 grados) del verano y los punzantes mosquitos que planean en el parque natural Brazos Bend, donde se encuentra el observatorio, un centenar de personas apuntaron la mirada en la bóveda celeste. Algunos a ojo desnudo y otros a través de telescopios, propios o prestados por el recinto científico.
Pasatiempo y profesión
“Yo estoy jubilado hace 20 años y hace 10 mi esposa me dijo que tenía que encontrar una actividad fuera de casa. Ella me sugirió la astronomía, y como en todo lo demás, le hice caso y aquí estoy”, comentó a AMEXI Peter Collins, mientras afina el enfoque del telescopio que le proporcionó el observatorio.
“Me mantengo al día, aprendiendo por mi cuenta sobre astronomía y sobre cómo manejar estos instrumentos. No me pierdo ni un evento”, añadió en la penumbra, junto a un ventilador que le ayuda a mantener a los mosquitos a raya.
Los eclipses lunares, que suelen producirse cada 18 meses o dos años, ocurren cuando la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna.

Este fenómeno impide que la luz solar llegue directamente a nuestro satélite. La Luna queda entonces bañada por una luz filtrada que roza los bordes de la Tierra y atraviesa nuestra atmósfera con un ángulo bajo, lo que genera esa tonalidad rojiza, “la Luna de Cobre”.
La paz de mirar al cielo
La astrónoma Hanna Lange, que trabaja en el recinto junto a cerca de 500 de sus colegas, no deja de asombrarse cada vez que mira las estrellas.
“Cuando volteas a ver a tu alrededor, sólo hay cuentas para pagar y problemas. Cuando miras arriba sólo hay paz y belleza, y es lo que me encanta de esto. Pone todo en perspectiva, incluso tu propia vida”, dijo a AMEXI esta científica de cabellera pintada de azul, cuyo nombre fue atribuido a un astro recientemente descubierto gracias a sus investigaciones.
Lange es especialista en espectroscopia -la ciencia que consiste en descomponer la luz estelar en sus colores o longitudes de onda componentes para determinar la composición química, la temperatura y el movimiento-, pero dedica buena parte de su tiempo a la divulgación científica, en un esfuerzo de acercar a los niños, jóvenes y público en general a la observación celeste.
“Ser testigo de este tipo de fenómenos te da una perspectiva diferente de lo que pasa aquí (en la Tierra). Cuando los astronautas van al espacio y voltean a ver nuestro planeta, dicen ‘oh, espera, somos así de pequeños, en un pequeño planeta’. Todos los humanos somos una misma especie viviendo en un mismo lugar, deberíamos estar trabajando todos juntos”, explicó.
Jornada familia
El Observatorio George cuenta con tres cúpulas que albergan potentes telescopios, y sus patios y jardines sirvieron de teatro para el espectáculo del eclipse.
Las parejas se abrazaron mirando al cielo, los niños se tendieron en la hierba mientras sus padres preparaban un picnic, los aficionados compartieron recomendaciones técnicas sobre sus complejos equipos, e incluso una mujer ofreció un concierto espontáneo con sus cuencos tibetanos.
Este último eclipse se inició a las 21:33 hora de Houston, y alcanzó su punto máximo a las 23:12, cuando la Luna estaba sumergida en un 96% en la sombra de la Tierra.
El fenómeno, cuya visibilidad fue impedida de manera intermitente por las nubes, terminó a las 24:51, cuando la Luna recobró su luz habitual.
El fenómeno fue visible en gran parte de las Américas (a excepción de Alaska y el noroeste de Canadá), Europa Occidental y África Occidental.






