En una era global marcada por la polarización —en la que el 60% de los ciudadanos ya no confía en las instituciones, según el Barómetro de Edelman—, un movimiento como el Capitalismo Consciente, que sitúa a las personas en el centro y a las empresas al servicio de sus causas, podría parecer ajeno al sistema. “Pero es tan posible como efectivo porque sí hay ganancia y se llama dividendo social”, asegura Carlos Cadena Ortiz.
Para el presidente de Fundación Vinte, este concepto representa un salto en la evolución empresarial, permitiendo pasar de la Responsabilidad Social a una visión capitalista verdaderamente consciente de las necesidades ciudadanas, con beneficios tangibles tanto en el impacto social como en el económico.
¿Qué es el dividendo social y por qué es clave?
“Los empresarios entienden el dividendo como la ganancia que se reparte entre los inversionistas. El dividendo social, por su parte, ocurre cuando una organización genera beneficios para la sociedad a partir de su actividad económica. En ese sentido, el dividendo social no se reparte en acciones, se multiplica en acciones colectivas”, afirma el presidente.
Esta filosofía ya es una tendencia en los análisis financieros mundiales. Por ejemplo, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) muestra en su Informe de Inversión de Impacto (desde 2023 a la fecha) que la inversión en capital consciente crece de manera constante y que las empresas con una sólida estrategia de sostenibilidad tienen mayor probabilidad de superar a sus pares en metas a largo plazo.
“Para el BID, medir el impacto es medir el progreso en función de cómo mejora la vida en la región latinoamericana; y eso, precisamente, es el dividendo social”, señala Carlos Cadena Ortíz. Esta visión rompe por completo el paradigma tradicional según el cual una empresa genera riqueza para después “devolverle” una parte a la sociedad. En cambio, plantea algo distinto, donde el impacto social positivo forma parte del propio modelo de operación de una organización.
Generaciones impulsan negocios éticos y sostenibles
¿Cómo se distingue el dividendo financiero del dividendo social? Grupo Vinte es un ejemplo de ello, afirma Carlos Cadena, también socio fundador: “Nacimos en 2005 con el propósito de construir comunidad, no solo casas. Los desarrollos se enfocaron en la sustentabilidad y en crear una estructura de convivencia para las personas. Esto, sin duda, generó dividendos que nos permitieron convertirnos en la inmobiliaria más grande de México y también la más sustentable. Pero más allá de ello, hay un impacto social: reconstruir el tejido social, que es, en esencia, nuestro negocio”.
Este modelo de casas sustentables ha trascendido los desarrollos de Vinte a través de la Fundación Vinte. Mediante el Modelo Comunitario Participativo (MCP), la organización ha amplificado sus dividendos sociales no solo para Grupo Vinte, sino para otras empresas que han encontrado en esta asociación civil —y en su instrumento, el MCP— una estrategia efectiva de análisis de necesidades sociales, ejecución de proyectos y medición de impacto.
Modelo Comunitario Participativo, un instrumento para el dividendo social
Si bien es cierto que las empresas que buscan alinearse al capitalismo consciente para generar dividendo social crean sus propias metodologías para conseguirlo, el MCP es un referente para desarrollar y medir efectivamente el dividendo social a través de 5 fases:
- Etapa de diagnóstico: identificación de un problema.
- Metodología participativa: comunicación con la comunidad.
- Diseño REP: elaboración de proyectos ejecutivos.
- Intervención comunitaria y REP: ejecución del proyecto, supervisión, evaluación y seguimiento.
- Medición de indicadores: sobre la participación y el impacto.
Este modelo acabado y probado, involucra los 4 pilares de la filosofía del capitalismo consciente: tiene un propósito elevado -la razón de ser más allá del dinero-; involucra a los grupos de interés; tiene un liderazgo consciente del impacto social; y construye una cultura consciente donde la organización entera es consciente de su impacto en la sociedad.
Esta visión, más que una moda, tendencia o modelo, es ya una necesidad. Según el Observatorio de Conciencia Empresarial, “los valores generacionales” están moviendo a las empresas hacia modelos éticos. El pulso ciudadano es la clave para el futuro de las organizaciones y en ese sentido, el Barómetro de Confianza de Edelman 2025 es contundente: las empresas son el agente en el que los ciudadanos confían para resolver causas sociales, por encima del gobierno e incluso de las ONG.
“Buscar el dividendo social desde el corazón del negocio, es sin duda, uno de los caminos más sostenibles hacia el futuro para cualquier organización y el MCP de Fundación Vinte, es un ejemplo de cómo ejecutar y medir efectivamente”, asegura Carlos Cadena Ortíz.






