¿Sabías que salir a caminar, ir al parque o jugar en la cancha de la colonia es una acción que activa a la ciudadanía y previene el delito? Sabemos que los parques sirven para tener árboles, generar oxígeno y combatir el cambio climático; pero, según ONU-Hábitat, las áreas verdes y de esparcimiento también son una estrategia de disuasión del crimen. Cuando los vecinos conviven, construyen comunidad y ejercen una vigilancia pasiva de lo que sucede alrededor. “Es la teoría de la ventana rota”, señala Carlos Cadena Ortiz.
El presidente de Fundación Vinte -la primera asociación civil empresarial que reconstruye el tejido social recuperando espacios públicos para los vecinos- explica que esta teoría se basa en la idea de que, si hay un edificio con una ventana rota que no se repara, pronto habrá quienes rompan otras.
Espacios públicos: clave en la prevención del delito
Cuando el espacio queda en el abandono, también queda libre para ser ocupado y convertirse, como muchos espacios públicos, en basureros o focos de adicción y delincuencia. El reto es, entonces, recuperar el espacio público para reconstruir el tejido social.
“Ese acto ciudadano tan simple, pero tan complejo, construye comunidad; se traduce en sociedad civil organizada y, con ello, también defiende la democracia, que es mucho más que ir a votar. Cuando los ciudadanos se unen para dialogar, ponerse de acuerdo y resolver un problema, eso también es democracia”, señala.
Esto puede parecer una ilusión cuando la última cuando la última Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI, reveló que más del 60% de la población considera inseguro vivir en su ciudad, lo que impacta directamente en la forma en que las personas usan o evitan estos espacios. Claro que no solo es miedo, hay otros factores como la pobreza, el desempleo, la gentrificación, el diseño mismo de las ciudades y la falta de dinámicas colectivas están afectando la vitalidad de las colonias y sus barrios. ¿Qué hacer frente a este fenómeno?
“Suena trillado, pero es verdad. La unión hace la fuerza y lo demostramos en cada gran tragedia que ha tenido México. Es decir, los mexicanos tenemos el gen de la solidaridad, el reto es que sea cotidiano y en trabajo en equipo”, afirma Carlos Cadena Ortíz. “Si cada persona entiende que salir a caminar, ir a un parque a jugar, a ejercitarse, con la familia o con el perro es un acto ciudadano, ya habremos dado un paso gigante”.
Fundación Vinte y su modelo comunitario participativo
El siguiente paso es articular una estrategia para conseguirlo. Los gobiernos hacen lo propio a través de programas de recuperación de espacios y la sociedad civil también: Fundación Vinte creó un Modelo Comunitario Participativo (MCP) para identificar zonas de alto riesgo y transformar la vida de la comunidad, bajo el entendido de que “incluso una cancha de fútbol puede ser más que un espacio deportivo; se convierte en una célula social”.
No se trata solamente de crear infraestructura y dejar la cancha, el parque o el área recreativa “bonitas”, porque se vuelven acciones aisladas y nuevas “ventanas rotas”. La clave está en crear un proyecto desde las necesidades de la comunidad, con líderes locales que puedan articular a sus vecinos para que estos adopten el espacio como suyo. “Sembrar comunidad es lograr que esos espacios y actividades permanezcan vivos en el tiempo”, asegura Carlos Cadena.
Desde que comenzó operaciones, el 4 de febrero de 2020, Fundación Vinte ha impactado a 150 mil personas en 13 estados de la República a través de decenas de acciones para recuperar el espacio público, rescatando en su mayoría parques y canchas de fútbol con ayuda de los vecinos, el gobierno local y fundaciones aliadas. Con los ciudadanos se desarrolla el plan de infraestructura pero, sobre todo, las actividades que van a promover la salud y el bienestar, el desarrollo humano y el medio ambiente, los otros tres pilares de acción de Fundación Vinte.
Acción ciudadana y tejido social: el factor decisivo
El MCP aporta estructura y claridad: define procesos, articula acciones y sostiene la transformación. La Fundación Vinte entrega a los vecinos el espacio mejorado, les enseña la metodología para seguir creando actividades y los ayuda mediante alianzas a impartir cursos sobre adicciones o para padres, e incluso a establecer clínicas de salud.
Todas las iniciativas son apropiadas para la comunidad, porque es la misma comunidad la que las define con base en sus necesidades. Así, el espacio se vuelve parte de la vida diaria, reconstruye el tejido social y construye la comunidad que México necesita. “El Modelo de Comunidad Participativa es un antídoto para la ‘ventana rota’”, señala el presidente de la Fundación Vinte.
Hoy, Fundación Vinte opera en los estados donde Grupo Vinte construye desarrollos habitacionales sustentables; sin embargo, con el apoyo de aliados en todo el país, la franja de apoyo se está extendiendo para sellar más y más ‘ventanas rotas’.
“La lección aquí es clara: la acción ciudadana organizada —vecinos en alerta, vecinos que limpien sus parques, que organicen actividades y velen por el espacio público— sella ventanas rotas”, afirma Carlos Cadena Ortiz. ¿Y tú cada cuánto usas tu derecho al espacio público y aportas acción?






