
Queridos lectores, este guijarro estará cargado de recuerdos y buenas nuevas. Esta vez hablaré sobre Nito Mestre. Así como inicié en AMEXI con el recuerdo de David Lynch a quien conocí en las redes sociales, también quiero traer del recuerdo a mi querido y admirado Nito Mestre, así que reclinen su asiento. Quiero comenzar con algo de su música: “El fin del mundo” (2005).
Nito Mestre llegó por primera vez a México en 2007 gracias a una red social. Casi 20 años después vuelve para cantar sin red, en vivo y en directo.

El sábado 1 de agosto, a las nueve de la noche, la voz de Sui Generis, se presentará en Central Granada 67, en Polanco, ofreciendo “AlmaVoz-Un concierto sin red”. Se trata de un espectáculo anunciado como un recorrido acústico de cien minutos, sin pantallas gigantes ni grandes artificios tecnológicos, en el que Mestre mostrará su reconocido repertorio, así como también interpretará canciones inéditas que eligió para ser estrenadas en México.
En estos tiempos gobernados por algoritmos, teléfonos y escenarios que parecen aparadores electrónicos, Nito propone volver al instrumento más antiguo e irreemplazable: la voz y la creación humana. El título del concierto es un guiño de la vida, porque esta historia comenzó precisamente dentro de una red.
De MySpace a MiPaís
Era 1 de enero de 2007, desperté con la resaca de la celebración de Año Nuevo, abrí la página de MySpace de mi proyecto musical, «en aquél entonces “La prodigiosa maquinita de soñar un poco” y descubrí que Nito Mestre había escuchado una de nuestras canciones; “En fin amar”, para ser precisa. Le había gustado y me había dejado un mensaje que decía:
“Hola me gustó tu música, veo que eres productora, qué bien. ¿Cómo va todo en México?”
Mi primera reacción fue irme a acostar, aguardé unos minutos pensando: esto no es real, estoy soñando, sigo ebria —de hecho, tenía cama loca aún—; volví a abrir los ojos, encendí la computadora, entré a MySpace y el mensaje permanecía, ahora seguido de una solicitud de amistad. Pensé que debía de ser el administrador de su página, algún representante o webmaster escribiendo en su nombre. No podía ser él.
Jehová se había quedado en casa de mis papás ese día. Corrí a despertarlo con laptop en mano. Toqué la puerta del cuarto donde estaba, no respondió. Esperé un poco, hiperventilada, golpeé de nuevo, pero nada. Abrí la puerta, entré, le pregunté suavecito:
—Mi vida, ¿estás despierto? Y… Nada.
Lo moví lentamente del hombro, pero no respondía. Entonces brinqué en la cama con la compu en mano y le mostré la pantalla. Jehová de un salto se incorporó, revisó el perfil, inspeccionó las publicaciones, los mensajes, los datos y todo aquello que en los primeros años de las redes sociales podía ayudar a distinguir a una persona verdadera de una imitación. Finalmente esbozando una sonrisa, me dijo:
—¡Sí es Nito Mestre!
Para contar lo que sucedió después es necesario hacer una pausa. Es posible que una parte del público mexicano reconozca inmediatamente canciones como “Rasguña las piedras”, “Canción para mi muerte”, “Confesiones de invierno” o “Aprendizaje”, pero quizá no todos sepan por qué el hombre que apareció aquella mañana en mi computadora ocupa un lugar en mi corazón desde niña.
Hay algo que ninguna plataforma puede explicar y se trata del momento en que una canción encuentra a una persona y modifica el curso de su historia. Así, cuando mis tíos ponían canciones de Sui Generis en casa cuando yo era niña, cambiaron mi manera de ver el mundo. Mi tío Álvaro puso un casete con la canción de “El Fantasma de Caterville” y yo acababa de ver la obra de teatro; pensé que era una grata casualidad, después reímos a carcajadas al escuchar “Mr. Jones” y simular que teníamos una familia de locos, aunque realmente éramos una familia muy normal. Recuerdo la primera vez que escuché “Rasguña las piedras”, la pusieron en un evento del 2 de octubre en la secundaria, canción que propuso el maestro Juan García, secundado por Francisco García, refiriéndose a las múltiples torturas que padecieron los jóvenes durante la masacre de Tlatelolco. Cuando escuché “Canción para mi muerte”, después de casi desaparecer por anorexia y al oír el estribillo “Te encontraré una mañana, dentro de mi habitación y prepararás la cama para dos…” decidí que morir joven, de inanición, no sería para mí.
Breviario sobre Sui Generis
Carlos Alberto “Nito Mestre” fue, junto con Charly García, fundador de Sui Generis, uno de los grupos esenciales del rock argentino y uno de los pilares sobre los que se construyó el cancionero del rock en nuestro idioma. Charly y Nito se conocieron cuando eran estudiantes de secundaria. Lo que comenzó como un grupo de varios integrantes terminó convertido en un dúo acústico: Charly al piano y la guitarra, Nito en la voz, la guitarra y la flauta. En pocos años publicaron tres discos fundamentales: Vida, de 1972; Confesiones de invierno, de 1973, y Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, de 1974. En 1975 se despidieron con dos presentaciones multitudinarias en el Luna Park de Buenos Aires, registradas en los discos y la película Adiós Sui Generis.
Pero las fechas y los nombres de los discos no explican por sí solos el fenómeno.
Dejo por aquí “Canción para mi muerte” (1972) para seguir musicalizando la lectura.
Sui Generis consiguió que la adolescencia latinoamericana tuviera una voz propia. Sus canciones hablaban de los primeros amores, la soledad, el miedo a crecer, la incomprensión de los adultos y esa sensación de encontrarse fuera de lugar, que acompaña a muchas generaciones. Eran canciones frágiles hechas por dos muchachos flacos, una guitarra, una flauta y un piano.
Charly componía gran parte de aquellas historias, Nito les daba una voz clara, alta y sensible, capaz de convertir una confesión individual en un sentimiento colectivo. Fue el complemento musical de Charly García, la otra mitad del sonido de Sui Generis, el front, la voz que hizo que aquellas letras pudieran entrar en las casas, en las escuelas, en las habitaciones de los adolescentes y en las reuniones en las que salía la guitarra para alegrar el ambiente. Incluso, lograron que los padres de los adolescentes de su época que odiaban el rock pensaran que “Sui” era buena música para sus hijos.
También es necesario colocar a Sui Generis dentro de su tiempo

Aunque con el paso del tiempo “Rasguña las piedras” ha recibido interpretaciones que la vinculan con la represión y la última dictadura militar argentina, es importante precisar que la canción fue grabada en 1973 y que, cuando ocurrió el golpe de Estado de 1976, Sui Generis ya se había separado. El grupo comenzó a formarse hacia finales de los años sesenta, mientras Argentina se encontraba bajo la llamada “Revolución Argentina”, el régimen militar instaurado en 1966. Alcanzó su madurez artística durante la breve recuperación democrática iniciada en 1973, mientras la vida política del país volvía a deteriorarse entre la violencia, la persecución y el miedo.
En 1974, el álbum “Pequeñas anécdotas sobre las instituciones” dirigió su mirada hacia la familia, la educación, el ejército, la censura, las estructuras de poder. Ante el peligro que representaba el clima político argentino, “Botas locas” y “Juan Represión” quedaron fuera de la edición original, otras letras fueron suavizadas o modificadas. Hay fuentes que matizan la palabra “censura”, no todas las decisiones fueron órdenes directas del gobierno, sino medidas tomadas por el sello y los productores para proteger a los músicos frente a una represión que ya era una amenaza concreta. El resultado, sin embargo, fue el mismo. En 1975, poco antes de la despedida del grupo, los músicos interpretaron “Botas locas” en Uruguay, que entonces vivía bajo una dictadura cívico-militar. La presentación terminó con los integrantes de la banda detenidos e interrogados. La canción había cumplido su cometido, las autoridades comprendieron perfectamente de qué hablaba.
Para mantener el ambiente, coloco por aquí el tema “Rasguña las piedras” (1973).
El personaje de esta historia apareció en mi computadora el primer día de 2007 y comenzó una historia increíble y bella.
Benditas redes
Comenzamos a escribirnos. Después vinieron las conversaciones por Messenger y Skype, las llamadas entre México y Argentina, los proyectos, las bromas y “las confesiones casualmente de invierno”. La amistad fue creciendo antes de que pudiéramos sentarnos frente a frente. Hasta que un día, Nito me dijo algo que me pareció increíble: ¡Nunca se había presentado en México! Entonces, cometí una de esas imprudencias que suelen poner en movimiento las mejores historias: decidí traerlo.
Primero comencé a comentarlo con algunas personas del medio musical. Entre ellas se encontraba un trompetista argentino que programaba un conocido club de jazz de la Ciudad de México. Cuando le expliqué que quería organizar la primera visita de Nito Mestre, se rio de mí. Yo era muy joven, seguramente le pareció que no entendía la dimensión de lo que estaba proponiendo. Y tenía razón…
Cuando venga Nito Mestre, me avisas, me dijo, tras una palmada en la espalda, se levantó de la mesa y se fue.
No insistí. Guardé la frase en la memoria.
Después hablé con Carlos Arellano, quien me apoyó para conseguir una presentación dentro del Festival Internacional de Puebla. Busqué a Modesto López, de Discos Pentagrama, para proponerle la edición mexicana del material más reciente de Nito en aquel momento: Nito Mestre completo en vivo, un disco doble y un DVD del concierto en el Teatro ND/Ateneo, en Buenos Aires.
Poco a poco, aquella conversación nacida en MySpace comenzaba a convertirse en boletos de avión, contratos, discos, entrevistas, carreteras y escenarios. Cuando la presentación en Puebla quedó encaminada, pensé que era absurdo traer a Nito hasta México sin organizar también una actuación en la capital. Hablé con Nacho Pineda, fundador del Multiforo Cultural Alicia, aquel Alicia de la colonia Roma, que se convirtió en refugio y punto de encuentro para varias generaciones de músicos independientes. Nos dio un domingo. El domingo 25 de noviembre de 2007. La fecha ya estaba, faltaba resolver el problema más grande: ¿cómo lograr que el público se enterara y que el concierto pudiera cubrir los honorarios de Nito y sus músicos?
Blindar la hazaña
Había que blindar su visita. Propuse a Casa del Lago la realización de un pequeño concierto de presentación y una rueda de prensa. El recinto aceptó y contribuyó con una pequeña parte de los gastos. Pentagrama y Modesto López me ayudaron con parte del hospedaje y a construir una gira de medios; recuerdo que en La Jornada del viernes 23 de noviembre de 2007 en la sección de espectáculos aparecía la foto grande de Nito y la entrevista. Fuimos a estaciones de radio, el IMER nos ayudó muchísimo, creyeron en esta proeza desde el principio. Programas de televisión como Animal Nocturno, de Ricardo Rocha, nos dieron refugio junto con Canned Heat y Javier Bátiz. Los principales diarios de circulación nacional como El Universal, con la entrevista de mi querido amigo Juanjo Rodríguez; La Jornada, El Heraldo, Reforma, y revistas como Proceso, con Roberto Ponce, Tiempo Libre, entre otras, apoyaron. A México llegaba una de las voces que habían fundado el rock latinoamericano.
Busqué financiamiento para poder llevar a buen fin toda la travesía. Freddy Reyes (armonicista mexicano) me acercó al diputado Ramón Félix Pacheco Llanes, quien organizaba un festival popular “El Jazzcapotzalco”. Le conté que intentaba traer a Nito Mestre, me escuchó atento y después me preguntó si yo cantaba jazz, le respondí que sí, me propuso contratarme como artista principal de su festival que se realizaría al año siguiente y pagar anticipadamente la mitad de los honorarios. Aquel adelanto se convirtió en gasolina, transportación, alimentación y una parte de los gastos que se acumulan detrás de cualquier concierto. Recibí soporte de la UNAM a cambio de un pequeño concierto de Nito en la Casa de Lago, gracias a José Luis Paredes “Pacho”, Myrna Ortega, Enrique Jiménez, quienes programaron “el showcase” con rueda de prensa. David Chávez Rivadeneyra fue quien me apoyó con el cobro, pues yo no tenía RFC para facturar y amablemente no me cobro el impuesto. Jehová regresó del Festival Internacional Cervantino y aportó una parte importante de los viáticos. Mis padres nos prestaron su automóvil, un Pontiac Grand Prix Blanco 1998 —cómo me gustaba, lo disfruté hasta que lo incendió el mecánico de la esquina—, era muy bonito, con vestiduras de piel y quemacocos. Mi hermano Antonio se convirtió en conductor, cómplice y compañero de carretera.
Cuando Nito llegó fuimos por él, mi hermano y yo; cuando nos vio, nos abrazó y luego en el auto nos dijo: “¡Che, pero si son unos pibes!”. Nito comenzó a llamar a mi hermano “Toni manito”. Toni y Nito y juntos eran “ToNito”. En algún punto de la carretera camino a Puebla, Nito abrió el quemacocos y sacó la cabeza. El cantante que había llenado el Luna Park con récord histórico viajaba por México en el automóvil de mis padres, con el cabello al viento y mi hermano al volante. Quizá las historias verdaderamente importantes están hechas de esas escenas, que jamás aparecen en los comunicados de prensa.
La primera visita quedó registrada en grande por La Jornada de manera anticipada. El periódico anunció que Nito Mestre se presentaba por primera vez en México, que promovía la edición nacional de Completo en vivo y que actuaría en Casa del Lago y el Multiforo Alicia. En el cartel del Alicia participamos: “La Prodigiosa Maquinita de Soñar un Poco”, Arturo Meza y Rafael Catana.

Recuerdo bien haberle dicho a Nito, antes de que viniera, que El Alicia era un foro alternativo; él dio como referencia que había escuchado sobre el lugar por Los Fabulosos Cadillacs y que el bajista tocaba seguido. Me dijo “Dale, vamos ahí”. Pero cuando llegó al lugar se quedó impactado, el lugar no tenía salida de emergencia, comentó que él no tocaría en ese lugar y nos recordó lo que había pasado cuando se incendió el “Lobohombo” en México y “El Cromañón” en Argentina.
Tras hacer una breve prueba de Audio en compañía de Eduardo Cautiño, el guitarrista y pianista que lo acompañaba; ambos desaparecieron. Nito había escapado del lugar. Jehová y Antonio fueron a buscarlo; estaba en el Vips de avenida Cuauhtémoc decidido a no volver, pues el espacio tan cerrado y tanta gente le daban miedo por los accidentes anteriormente mencionados. De hecho, no logré persuadir a Nito de regresar al Alicia. Después de una prolongada negociación, Jehová lo convenció de que todo iba a estar bien. Nito volvió justo cuando estaba a medio turno Arturo Meza, a quien le pedí nos acompañara tras acordar con él un honorario comprensible, así como cumplir el capricho gozoso de traer desde Torreón a Raúl Jaques, su acordeonista. Aún recuerdo a Meza con cara de niño en el backstage de aquél Alicia, mirando a Nito cantar.
Hubo alegría y alivio al ver que el lugar estaba lleno. No sólo porque había conseguido traer a Nito Mestre a México, sino porque habíamos logrado que el viaje fuera posible sin una gran compañía promotora detrás, sin presupuestos desmesurados y sin más garantía que la amistad, la obstinación y la certeza de que aquellas canciones, también tenían un público en este país.
Entonces llegó el momento de hacer una llamada pendiente. Le marqué a Eugenio Elías que se había reído de mí.
—Sólo te llamo para avisarte que Nito Mestre ya está en México.
—-Che, pues traételo. Vamos a platicar.
—Nada más me pediste que te avisara, misión cumplida. Y colgué.
Al año siguiente, 2008, cuando Nito regresó, Eugenio y yo volvimos a hablar. Esta vez acordamos una presentación en el Zinco Jazz. También organicé con Jaime Ades una actuación y rueda de prensa en el Foro del Tejedor. Pentagrama ayudó a conseguir su participación en el Festival Internacional de Campeche. Fuimos al Instituto Mexicano de la Radio para grabar una sesión en vivo en el estudio “A” con Miguel Solís y a una entrevista en Reactor. Mi querido Huemanzin Rodríguez (que en paz descanse) lo entrevistó para Canal 22. Para entonces, esa segunda vez, aquel viaje que había parecido imposible comenzaba a convertirse en una relación constante entre Nito y México.
Y pienso que siempre “Hay formas de llegar” y los dejo con esta canción para acompañar lo que sigue del texto.

En 2010 regresó nuevamente, esta vez invitado por otros productores. Se presentó en el Voilá Acoustique, en Antara, y me invitó a cantar con él. Interpretamos “He buscado”, de Jehová Villa, y compartimos otra canción “La Verdad” de Alejandro Filio. Aquella vez también estuve metida en prensa. Yo había pasado de recibir un mensaje suyo en MySpace a estar cantando junto a él sobre un escenario mexicano.
Con los años, nuestra amistad produjo también historias fuera de los conciertos
Nito me presentó a Pamela Gowland, su esposa y colaboradora, nos hicimos entrañables amigas. A través de ella, participé en su proyecto editorial y musical “Priscila Play Date”, con Nimbo y Priscilla, un cuento que escribí inspirado en los personajes de la artista plástica Kuky Benski. El proyecto se convirtió en publicación y material digital, y fue presentado en ferias del libro y traducido a cinco idiomas. La producción musical reunió participaciones de artistas de diferentes países. Mi cuento y ese trabajo forman parte de una rama distinta, pero profundamente querida, de esta misma historia.
En 2020, cuando la pandemia canceló los escenarios y encerró al mundo, Pamela y Nito impulsaron América Canta Sui, una convocatoria para que artistas consagrados, independientes y emergentes, enviaran versiones personales de las canciones de Sui Generis. La intención era celebrar 50 años de la creación del grupo y demostrar que aquellas composiciones ya no pertenecían únicamente a una época ni a un país. Yo participé con “Un hada un cisne” que les dejaré por aquí abajo, así como también en la versión de celebración de “Canción para mi muerte”, que se estrenó el 3 de agosto de ese año en el concierto digital del cumpleaños de Nito.
En 2022, Mestre volvió a México con su programa de T.V. Rock and Road, y aprovechamos para grabar el episodio de la Ciudad de México, y me lo llevé al Zócalo, en medio de la verbena, las flores, las calaveras y los altares del Día de Muertos. Por cierto, en esa visita Nito recibió su debida sahumada, proporcionada por nuestros queridos danzantes que siempre están a un costado de La Catedral.
Ahora Nito Mestre vuelve a México, con AlmaVoz. Esta vez también viene invitado por otros productores.
Ya no es necesario convencer a nadie de que el mensaje recibido en MySpace era verdadero. Tampoco tengo que explicar a los programadores incrédulos que existe un público dispuesto a escuchar esas canciones. La música de Sui Generis, Los Desconocidos de Siempre, PorSuiGieco y por supuesto la de Nito Mestre, ha seguido viajando de padres a hijos, de discos de vinilo a casetes, de discos compactos a plataformas digitales. Ha sobrevivido a dictaduras, censuras, separaciones, reconciliaciones y cambios tecnológicos.
Nito llegó a este país a través de una red, ahora regresa para cantar sin ella. Aunque, pensándolo bien, quizá la red nunca desapareció, sólo dejó de estar dentro de una computadora. Está hecha de canciones, amigos, carreteras, recuerdos y personas que después de casi veinte años, todavía siguen encontrándose.
Así que no se pierdan el concierto que dará en Central Granada 67 el sábado 1 de agosto y como ya lo anunció él en prensa, me ha invitado a cantar en su show, ya estoy aclarando garganta para la misión.
Hasta aquí mi guijarro querido lector, Nito Mestre vuelve a México y lo esperamos con los brazos abiertos.
Me despido con esta liga al programa Rock and Road que se grabó en el Zócalo, el Día de Muertos de 2022 con el que nos divertimos muchísimo.
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