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El arte de las musas: orígenes de la música

Un guijarro en mi bota (Sucesos, eventos, hechos, casos, cosas)

Iris Bringas Por Iris Bringas
11 de mayo de 2025
En Un guijarro en mi bota
El arte de las musas: orígenes de la música

"I Musici", de Caravaggio. (1559). Met N.Y. AMEXI/Foto/tomado de metmuseum.org

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“La música es un ejercicio de metafísica inconsciente,
en la cual el espíritu no sabe que hace filosofía.”

Arthur Schopenhauer

 

¿Alguna vez les ha pasado que, tras muchos días sin descanso, los sentidos se alteran y de pronto llega la depresión y con ella una melancolía que comienza a rumiar en la cabeza haciendo las preguntas más absurdas sobre nuestra existencia?

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No sé si sea una cualidad exclusiva de quienes hacemos arte reflexivo, pero me sucede a menudo; no sólo con las preguntas existenciales de la humanidad, sino que inevitablemente vienen a mí cuestionamientos personales, a veces inquisidores sobre el trabajo propio, su importancia, mística, origen y trascendencia.

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Intento distraerme de esos pensamientos y entonces caigo en onanismos mentales, mascando ideas sobre que la música actual es una porquería, lo mal que va la humanidad con sus guerras absurdas y luego…

Recordé a Gabriela Ortiz ganando tres Grammys por Revolución Diamantina, que me robó el corazón y cómo acarició mis estrujados oídos; aquella nota para Amexi que dediqué al disco multipremiado de Ortiz, me llevó a una entrevista de radio en Periodistas Unidos, donde la conductora de la sección de “Después de la letra…”, Layla Sánchez, me habló sobre un proyecto conjunto de colaboración entre mujeres mexicanas en la creación de música original e investigación académica llamado “Las Montoneras”: un grupo que no conocía, pero que ahora a ustedes, queridos lectores, recomiendo seguir de cerca su trabajo.

Así me tomaron por sorpresa interrogaciones sobre la música: ¿Cómo y desde cuándo surgió? ¿Quién puso nombre a las notas? ¿Quién inventó el pentagrama? ¿Quién puso el Bomp y el Tip tirip tirip?, etc… Parece ocioso; pero satisfacer estas curiosidades ha dado remanso a mi perturbada mente, torcida y atormentada por el existencialismo.

Lee: Él puso las canciones en tu walkman: Juan Giralt

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Cosillas para el nacimiento

La palabra “música” tiene un origen griego, concretamente deriva de mousiké (μoυσική): “arte de las musas”, las nueve diosas en la mitología griega inspiradoras de las artes y las ciencias. Esa voz se refería a cualquier actividad artística o intelectual que se desarrollaba bajo su influencia.

Generalmente consideramos música a la concepción de melodía y armonía; sin embargo, acaso para mí sea una percepción lógica suponer que en el principio existió el ritmo.

Imaginen a esos humanos quienes apenas conocían el fuego haciendo sonidos con piedras de manera eufórica, hasta llegar a concretar un ritmo para regir la gloria del hallazgo.

Los sonidos guturales, después el habla… El pitido de una hoja de árbol, la búsqueda de atrapar el canto de las aves, la necesidad de expresar.

Hace 4 mil años, un multi-instrumentista, el rey Shulgi de la dinastía Ur de Sumeria, se atribuía el haber compuesto la metodología musical, así como la primera repartición rítmica con las manos, a modo de dirección en un compás no determinado, pero ejecutado con la mano hacia arriba y hacia abajo, o lo que hoy conocemos como compás de 2/4 (aunque quizá podamos equivocarnos, porque en esa época aún no se había establecido la rítmica que ahora conocemos).

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No sabemos si en verdad el Shulgi pudo establecer un sistema de notación musical, pues se carece de pruebas arqueológicas; aun así, en Nippur, Irak, fue encontrado el primer método reconocido: una tableta con escritura cuneiforme que recoge instrucciones para representar la música a modo de guía para el ejecutante (como sucede con todas las notaciones de la antigüedad).

Podríamos hablar de la primera partitura del mundo que se tiene vestigio.

El arte de las musas: orígenes de la músicaEl arte de las musas: orígenes de la música

 

 

 

 

 

 

 

 

No obstante, existen otras tabletas mostrándonos este tipo de notación musical un tanto más desarrollada, del año 1800 a. de C., el canto religioso hurrita (“alabanzas”), grabado en sistema cuneiforme. Fue encontrada en Siria a comienzos de los años cincuenta durante las excavaciones efectuadas cerca de la vetusta Ugarit, y descifrada en 1972.

El arte de las musas: orígenes de la música El arte de las musas: orígenes de la música

 

 

 

 

 

 

 

Según la traducción, las cuatro primeras líneas muestran la letra de una canción, la cual contiene frases como “amado de mi corazón” y referencias a dioses y diosas; las otras contienen instrucciones para ejecutarla, como sucede en cualquier partitura.

Esta pieza podría colocar a esta región del Oriente próximo como la cuna de la música occidental. Sin embargo, durante años se consideró a la pieza “Epitafio de Sícilo” como la primera composición formal de todos los tiempos (importante comentar las canciones “hurritas” mesopotámicas son más antiguas, si bien sólo se hallaron fragmentos de ellas).

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El “Epitafio de Sícilo” se remonta al siglo I o II y es parte de una inscripción griega escrita en una columna de mármol puesta sobre la tumba construida por Sícilo para su esposa Euterpe (en griego Ευτέρπη, “La muy encantadora” o “la de agradable genio”) cerca de Trales, actual Aydın, cercana a la ciudad costera de Éfeso en Turquía. El autor es anónimo.

La partitura tallada en la estela de mármol se denomina Columna de Seikilos (Sicilo), con texto y notación musical. Aquí vemos además la transcripción al sistema musical moderno.

El arte de las musas: orígenes de la música

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La inscripción se divide en tres partes; descripción, poema y dedicatoria:

 Soy una imagen de piedra,/ Sícilo me ha colocado donde soy,/ por siempre,/
señal de eterno recuerdo./ Mientras vivas, brilla;/ no temas nada en absoluto/ que la vida dura poco,/ y el tiempo exige el final.

Do, Re, Mi, Fa, Sol, La y Si

Estos nombres de las siete notas provienen del texto místico “El Himno a San Juan Bautista” (en idioma latín Ut queant laxis), del siglo VIII. Guido d’Arezzo, un monje benedictino y teórico musical, tomó la primera sílaba de cada verso para nombrar las notas, creando así el sistema de solfeo que aún usamos:

 Ut queant laxis/ Resonare fibris/ Mira gestorum/ Famuli tuorum/ Solve polluti/ Labii reatum/ Sancte Ioannes (“Para que puedan/ exaltar a pleno pulmón/ las maravillas/ estos siervos tuyos/ perdona la falta/ de nuestros labios impuros/ San Juan”).

 

 

 

 

 

 

 

(Se puede escuchar el canto en la liga: https://www.youtube.com/watch?v=9fMppPLocmo)

“Ut queant laxis” o “Hymnus in Ioannem” es un himno latino perteneciente a la tradición del canto gregoriano en honor a Juan el Bautista, escrito en las Sáficas Horacianas con texto atribuido a Pablo Diácono, historiador lombardo del siglo VIII, famoso por su papel en la historia de la notación musical y en particular la solmisación (sistema didáctico creado por el monje benedictino Guido D’Arezzo, quien posiblemente escribió la melodía; según Wikipedia, es probable que utilizara una melodía pre existente).

En la antigüedad muchas partituras carecían de compás y de indicaciones rítmicas o temporales. Primero se establecieron los sonidos y a éstos después se les puso nombre, si bien mucho después. A Pitágoras de Samos se le atribuye el pentagrama musical en el siglo V a.C.

Él analizó cómo la longitud, el grosor y la tensión de las cuerdas afectaban la altura de los sonidos. La afinación actual se basa en la referencia La=440 Hertz, establecida a principios del siglo XX y confirmada como estándar mundial en 1955.

La guerra de los brillos

De entrada, les cuento que el primer estándar con ISO es el de la frecuencia de La=440 Hz y fue una propuesta nazi (cf. las llamadas Normas ISO o siglas en inglés de International Organization for Standardization, la Organización Internacional de Normalización o Estandarización, dedicada a la creación de normas o estándares para asegurar la calidad, seguridad y eficiencia de productos y servicios).

A lo largo de la historia, la afinación ha evolucionado. En el siglo XIX hubo una tendencia a elevar la afinación de las orquestas, buscando un sonido más brillante.

Pero en realidad esta práctica viene desde la época del toscano Jean-Baptiste Lully (Florencia, 1632-París, 1687), compositor, instrumentista, bailarín ligado a la figura y reinado de Luis XIV, El Rey Sol; iniciador de la ópera en Francia y creador de la “tragedia lírica”, forma genuina que reúne el sentido estético francés con el ballet.

“La batalla de ópera” fue la controversia entre la ópera francesa, liderada por Lully, y la ópera italiana, predominante en el Barroco.

Lully desarrolló un estilo operístico francés que se diferenciaba del estilo italiano de Claudio Monteverdi (1567-1643), especialmente en la forma en que se presentaban las arias y la importancia del papel del cantante.

Esta diferencia de enfoques y estilos generó un debate sobre cuál era la mejor forma de hacer ópera.

Y para garantizar el gane, cada contrincante subía la frecuencia de la afinación de su orquesta; aquel quien lograba mayor brillantez y, por ende, más impacto sonoro, conseguía la atención total del Rey Sol, ergo su mecenazgo.

Es hasta la época de la segunda Guerra Mundial donde se acuerda la frecuencia estándar de La en 440 Hz, convirtiéndose así en el primer estándar mundial (ISO 16:1975).

Me gustaría transmitir cómo, desde tiempos inmemoriales, la música ha sido importante para rituales, curaciones, guerras, invocaciones demoníacas, protestas y hasta comerciales.

Ha sido también un gran vehículo para marcar épocas, géneros, estilos y momentos importantes para la humanidad, tanto así que hasta la NASA mandó los sonidos de la Tierra a viajar por los planetas en las naves Voyager 1 y 2, en espera de comunicación con posibles civilizaciones del universo.

En tales transbordadores se envió un disco fonográfico de cobre bañado en oro, con información auditiva y visual de las culturas de nuestro mundo, titulado “Los Sonidos de la Tierra”.

Contiene un saludo en 56 idiomas, sonidos naturales como el canto de aves, tormentas o el crepitar del fuego, así como una selección de música mundial: “Johnny B. Goode”, de Chuck Berry; la “Quinta sinfonía” de Beethoven; el huapango “El cascabel” o sonidos aborígenes de Australia.

Hasta aquí por hoy con nuestro existencialismo musical. Nos leemos en mi siguiente guijarro.

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Etiquetas: cuneiformeHistoriahistoria de la músicaIris BringasmúsicaPortada 1Un guijarro en mi bota
Iris Bringas

Iris Bringas

Iris Bringas es cantante, compositora, escritora y periodista cultural mexicana, con más de 25 años de trayectoria artística y reconocimiento internacional. Su voz ha sido considerada por la crítica musical entre las más hermosas de habla hispana, mientras que su obra transita entre la música, la literatura y la exploración de las múltiples formas en que el arte dialoga con la condición humana. Distinguida con el Doctorado Honoris Causa por su trayectoria y compromiso humanitario a través del Proyecto LOVE, dedicado a la construcción de paz, ha encontrado en el arte y la palabra dos territorios inseparables de creación, conciencia y resistencia. Su trayectoria en los medios de comunicación abarca la locución, la conducción y el periodismo cultural. Desde 2011 ha colaborado en espacios como la sección de Cultura y Espectáculos de Proceso y Acordes y Desacordes, vinculado a la revista Nexos. Su experiencia radiofónica incluye Rockanrolario.com y diversos programas culturales, entre ellos Cruzando espacios. Curiosa, aguda e irreverente, está convencida de que el arte no solo existe para conmovernos, sino también para incomodarnos y hacernos pensar. Desde enero de 2025 forma parte de la Agencia Mexicana de Información (AMEXI), donde publica Un guijarro en mi bota (sucesos, eventos, hechos, casos, cosas), una columna que explora las contradicciones sociales, culturales y humanas, así como esas pequeñas y grandes historias que, por incómodas, insólitas o aparentemente insignificantes, merecen ser contadas. Licenciada en Contaduría Pública y con una maestría en Derecho Fiscal, Bringas eligió hacer de las artes su profesión, sin renunciar a una formación académica que le ha permitido desarrollarse en otros ámbitos. Su trayectoria incluye la producción teatral, la organización de eventos corporativos, la producción comercial y la creación audiovisual, donde ha desarrollado un lenguaje expresivo propio. Asimismo, ha colaborado con instituciones como la Compañía Nacional de Ópera y se ha desempeñado como subdirectora de Programación del Complejo Cultural Los Pinos, experiencia en la que confluyen su conocimiento artístico, su formación administrativa y su participación en la gestión cultural pública. Una voz que canta para conmover y escribe para cuestionar. Porque el pensamiento crítico no busca complacer, sino abrir preguntas donde parecen existir certezas. Versión breve Iris Bringas es cantante, compositora, escritora y periodista cultural con más de 25 años de trayectoria y reconocimiento de la crítica musical internacional. Doctora Honoris Causa por su trayectoria y labor humanitaria con el Proyecto LOVE, ha colaborado en medios como Proceso y Nexos. Desde su columna Un guijarro en mi bota, en AMEXI, explora las contradicciones del arte y la sociedad con una mirada curiosa, crítica e irreverente. No escribe para complacer, sino para provocar pensamiento.

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